Unidos Podemos ha cumplido dos años sin grandes celebraciones

Poco antes del nacimiento de esta alianza asistíamos a unas elecciones muy abiertas, catalogadas de históricas. En ellas, Podemos se presentaba con su marca compitiendo electoralmente con la marca de Unidad Popular, en la que se situaba IU. Mientras que la primera luchaba por ganar las elecciones, la segunda luchaba por la supervivencia de la izquierda tradicional.

El resultado fue un jarro de agua fría para ambas candidaturas. Por un lado Podemos quedó como la cuarta fuerza política en aquellas elecciones mientras que UP sufrió la ley electoral y, a pesar de lograr casi un millón de apoyos, solamente logró dos diputados, uno de ellos para IU.

Podemos no podía vender una cuarta plaza a la vez que Unidad Popular veía como sus aspiraciones de tener grupo parlamentario se quedaban muy lejos de la realidad. Como consecuencia ambos giraron su mirada hacia unas terceras listas del cambio que se repetían en algunas comunidades, y que sí habían alcanzado grandes victorias.

Como en las municipales, las confluencias sí lograron el buen resultado esperado. Por ejemplo En Comú Podem se convirtió en la fuerza más votada en Catalunya. La misma noche electoral Podemos decidió tomar como propios esos resultados y sumarlos a los suyos. Podemos e Izquierda Unida no tenían excusas tras la repetición electoral, la alianza era más fácil de explicar que nunca.

Unidos Podemos nació como resultado de caerse y levantarse. Para muchos llegó demasiado tarde, para otros nunca tenía que haber llegado pero sobre todo, llegó con prisas. El propio nombre lo refleja, los militantes de las organizaciones políticas habían aprendido a odiarse y competir. Si alguien de Podemos hablaba de alianzas era un pitufo gruñón, y si alguien lo pedía desde Izquierda Unida entonces era un podemita infiltrado. Lenguaje bélico, insultos, magnificar las diferencias, tomar como “hoja de ruta” del partido rival la barbaridad que cualquier tuitero o militante que pasaba por allí decía del otro, gente cambiando de partido por el medio… En apenas unos meses pasaban de ese escenario a tener que trabajar unidos en amor y compañía.

El resultado fue el esperado, el acuerdo tuvo que hacerse rápido y en el último momento, por arriba, con un fin meramente electoralista en la práctica, y por supuesto con un nombre que marcaba las diferencias: “Unidos Podemos”. Fue entonces cuando dos cosas cambiaron de golpe en el imaginario popular de sus votantes casi sin darse cuenta.

El primer cambio fue claro, se perdió la épica

Por un lado la fuga de votantes fue un hecho debido a la desilusión de no ganar la primera vez, por otro lado muchos compraron la versión de que no había gobierno del cambio debido a Podemos y perdieron parte de la ilusión. A eso hubo que sumarle una campaña con miedo a decir lo mismo que antes, moderando los mensajes para parecer más presidenciables. Y lo más importante, se perdió la épica porque después de la campaña volvió a quedar por detrás del PSOE como alternativa de gobierno.

El segundo cambio fue más sutil, pues se ganó en compañerismo

Lo cierto es que ese y no otro ha sido hasta hoy el gran logro de Unidos Podemos. Gente que antes ni se hablaba o se insultaba si hablamos de redes sociales pasó a leerse, a escucharse. Aunque persisten, son minoritarios los sectores de la alianza que se pasan el día criticándose entre ellos. Ya no hay miedo en las organizaciones a decir que la fuerza política hermana hace mejor esta parte o aquella.

Si hablamos de redes sociales, todo el mundo retuitea a todo el mundo, algo que se aprecia en los propios líderes de los partidos y que continúa a través de sus bases. La alianza es todavía débil, no ha habido un debate profundo y compartido del programa político entre las bases de las organizaciones, no ha habido primarias reales sino encaje de nombres tras primarias separadas, tampoco han tenido asambleas conjuntas y el propio nombre continúa siendo un problema pues parece pedir el voto por partes: si te gusta Podemos, vota porque está podemos en la papeleta, acentuando así la división entre las organizaciones en vez de tener un nombre común que refleje la pluralidad de la alianza y la refuerce.

En conclusión, pese a todas estas críticas hoy hay avances claros, ya todos dan por lógico que se mantenga la alianza. Hoy también es viable que de cara a las europeas se produzca un cambio de nombre a uno que refuerce al conjunto y no a las partes, y por encima de todo, hoy, dos años después de su nacimiento, mientras cunde todavía la apatía por no haber ganado cuando parecía posible, las bases se han olvidado de que llevan dos años sin pelearse, viendo a algunos dirigentes o minorías pelearse por sus cosas pero ellos tomando palomitas desde la barrera.

Pocos entran ya al trapo como guardianes de las esencias de su partido. Parece poco, pero la travesía por el desierto podría haber sido el doble de dura y larga separados y peleados. Lo importante se ha hecho, ahora como les gusta decir a los líderes antes de firmar cualquier acuerdo: “solo faltan los flecos” para que la alianza dé un gran avance.


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