Sara Vilà: “La riqueza de Arabia Saudí le permite vulnerar los DDHH con impunidad”

En las últimas semanas ha habido una gran atención mediática sobre la política exterior de Arabia Saudí a partir del asesinato del periodista Jamal Ahmad Khashoggi en el consulado saudí de Estambul. Por ese motivo, hemos decidido entrevistar a Sara Vilà, senadora de En Comú Podem, para conocer su punto de vista sobre los hechos que rodean el asesinato del periodista, pero también para conocer más de la actualidad política y social de Arabia Saudí, de Yemen, y las conexiones del Estado español con ellos.

¿Qué opinión le merece que los reproches internacionales a Arabia Saudí le hayan llegado con el asesinato de Jamal Ahmad Khashoggi?

Siempre son bienvenidos los reproches internacionales a Arabia Saudí porque es verdad que desde que llegó Mohámed bin Salmán al poder, el príncipe heredero, se han multiplicado las violaciones de Derechos Humanos (DDHH). Y no es solo el asesinato del periodista Khashoggi sino que eso es la punta del iceberg. Aquí es evidente que se les ha escapado de las manos una serie de prácticas que llevan realizando desde hace muchos años en Arabia Saudí, y que poco han importado a la Comunidad Internacional y a nuestro gobiernos occidentales a la hora de tener relaciones comerciales, políticas, culturales y de todo tipo con Arabia Saudí.

Hay que destacar muchas más violaciones de DDHH aparte del asesinato de Khashoggi, que ya es muy escandaloso de por sí, como la participación de Arabia Saudí como responsable directo de la guerra en Yemen, donde están bombardeando escuelas, hospitales, autobuses escolares y domicilios particulares. Llevan ya miles de muertos y eso parece no importar a la Comunidad Internacional.

La represión de activistas pacíficos por los DDHH y a periodistas, va mucho más allá del asesinato de Khashoggi, tenemos a periodistas e intelectuales en prisión, con largas condenas. Esto también parece haber importado poco a la Comunidad Internacional.

Detenciones de personas y activistas que están luchando a favor de los derechos de las mujeres como el caso de las tres activistas que están en prisión de forma absolutamente arbitraria sin juicio previo, en prisión preventiva, y llevan así ya unos cuantos meses. Entre muchas otras violaciones de los Derechos Humanos. Por no hablar de la pena de muerte, las ejecuciones, decapitaciones que Amnistía Internacional ha ido denunciando a lo largo de todos estos años, pero que no ha tenido ningún efecto en la Comunidad Internacional.

Volviendo al caso Khashoggi, ¿en qué punto no encontramos y cómo cree que va a evolucionar este caso?

Creo que en estos momentos, como decía, se les ha escapado el tema de las manos porque ha sido un escándalo denunciado por Turquía. También es paradójico que otro represor, como es el caso de Erdoğan, otro gobierno que está vulnerando los DDHH de forma sistemática, que lleva años también asesinando y atosigando a la comunidad kurda pero también a activistas, intelectuales, periodistas… Sea el que destape este escándalo.

Sea como sea, a raíz de la denuncia ahora mismo en España, se está debatiendo sobre las relaciones que se mantienen con Arabia Saudí. El PSOE debería sentir la presión por la resolución que se acaba de aprobar en la Unión Europea. En el Parlamento Europeo esta semana pasada se pide que todos los Estados que forman parte de la Unión Europea hagan un embargo de armas a Arabia Saudí.

Esta resolución puede tener repercusión. El caso se podrá ir sintiendo a lo largo de unas semanas pero desgraciadamente como también pasa con todos los temas en los medios de comunicación, eso tiene una duración determinada, habrá un momento en que no sea noticia y el gobierno de Arabia Saudí va a seguir actuando con total impunidad. Esperemos que por lo menos más gente y más gobiernos hayan tomado conciencia de que Arabia Saudí es una dictadura medieval, una monarquía medieval.

¿Cómo es posible que la Comunidad Internacional no haga presión para que se celebren elecciones libres en Arabia Saudí?

Es un tema de poner por encima los intereses económicos, los políticos, los geoestratégicos por encima de los DDHH y el buen gobierno. Hemos visto en el caso, por ejemplo, de algunas democracias latinoamericanas, una obsesión por parte de los medios de comunicación y de la derecha europea y latinoamericana, por señalar a quien no gobierna a su gusto, siempre señalan aquellos países donde gobiernan las izquierdas donde sí hay elecciones libres como dictaduras, y en cambio se ha dejado siempre de lado a Arabia Saudí donde no hay elecciones legislativas, aunque sí municipales.

Arabia Saudí es una potencia importante a nivel mundial. Es una importante reserva de petróleo. La riqueza y las inversiones que suponen los saudíes para las democracias occidentales son muy grandes, son tan grandes que poco importa para los partidos políticos de derecha el hecho que estén vulnerando sistemáticamente los Derechos Humanos y democráticos de su pueblo. Solo hace escasos años de la primera experiencia de sufragio universal en Arabia Saudí en las elecciones locales donde pudieron votar por primera vez las mujeres, pero los gobiernos neoliberales siempre apuntan hacia las “dictaduras” latinoamericanas o caribeñas que no bailan a su son y donde sí hay elecciones legislativas, regionales, municipales y sufragio universal desde hace décadas.

¿Cómo puede ser que Arabia Saudí fuese elegido como miembro de la Comisión de la ONU sobre la Condición de la Mujer?

Es algo que nos escandalizó a muchas, y ver cómo Arabia Saudí que no es ningún referente en Derechos Humanos ni en igualdad puede llegar a presidir esa comisión. Creo que desgraciadamente las Naciones Unidas, muchas veces llegan muy poco a los objetivos que nos deberíamos marcar como Comunidad Internacional: principios de paz, de democratización, de respeto por los DDHH, de respeto por el Derecho Internacional, pero sin embargo es lo único que tenemos. Las Naciones Unidas, por precarias que sean en hacer cumplir esos objetivos, hay que defenderlas porque ya está Trump para ponerlas en riesgo.

Las Naciones Unidas son uno de los pocos mecanismos que tenemos a nivel internacional para denunciar el incumplimiento de DDHH, los crímenes de guerra y de lesa humanidad. La ONU también nos es útil, por ejemplo, en cuanto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para marcarnos diecisiete objetivos que son primordiales, que son universales y que todos los gobiernos deberían cumplir, pero luego nos encontramos con contradicciones como la de Arabia Saudí presidiendo la Comisión de Derechos de la Mujer.

Las Naciones Unidas no dejan de ser un compendio de gobiernos y de Estados, de países, cada uno con sus intereses y cinco de ellos, además, con derecho de veto en resoluciones, con lo cual la política y los intereses de estos países van en detrimento de los grandes objetivos que tienen las Naciones Unidas, y hacen que en algún momento dado se le pueda lavar la cara al régimen saudí, a través de esta presidencia de la comisión de derechos humanos. Está claro que es un lavado de cara a esa monarquía medieval.

Arabia Saudí comenzó en marzo de 2015 una guerra contra Yemen. ¿Qué papel juega Arabia Saudí en su región?

Arabia Saudí, parece contradictorio, pero es un aliado de Israel desde hace muchos años. Los palestinos a nivel popular creen que son aliados suyos porque los wahabíes muchas veces invierten en mezquitas, en centros culturales, hacen también este tipo de estrategias que utilizan los israelíes en occidente, pero no lo son. Simplemente lavan su imagen y ponen su bandera para ir conquistando terreno en el mundo árabe.

El gran desestabilizador de Oriente Medio es Israel aunque muchas democracias occidentales, muchos gobiernos y líderes de derechas siempre han apostado por Israel para pacificar la región, o hablan de Israel como esa gran democracia de Oriente Medio que tiene que traer la estabilidad a la zona, y Arabia Saudí se ha aliado excesivamente con los intereses de Israel. Los saudíes y los israelíes tienen un enemigo común que es Irán.

Es decir, por ser un régimen árabe y musulmán, parece que debería estar coaligado con otras regiones árabes u organizaciones políticas islámicas, pero Arabia Saudí juega a favor de sus propios intereses en la zona. Nunca ha sido necesariamente amigo de ningún país árabe, tampoco colaborador de ningún país donde se haya jugado, por parte de las democracias occidentales, a democratizar, como ha pasado en el caso de Libia.

Ahora vemos los resultados de la intervención en Libia, un auténtico desastre, es el infierno en la tierra, es el caos absoluto políticamente, y sin ser muy defensores tampoco de Gadafi, ni de Bashar Al Assad, porque tampoco digamos que políticamente tenemos muchas afinidades, está claro que intervenir e intentar “democratizar” esos países por parte de Occidente ha sido un grave error.

Sucedió también con Sadam Hussein en Irak y la guerra del Golfo. Ha sido un grave error por parte de las coaliciones internacionales occidentales intentar maquillar los intereses petrolíferos y de reconstrucción en la zona como procesos democratizadores. Arabia Saudí ha aprovechado esos conflictos para sacar tajada económica, ahora están presentes en la reconstrucción de Irak e intentan expandir su influencia por Siria.

John Carlin escribía en un reciente artículo titulado “Honor, ofensa, venganza” que el dinero no compra amor pero sí licencia para matar. ¿Es eso cierto?

Pues sí, es bastante cierto. Creo que ciertamente el dinero no puede comprar tus amigos, no puede comprar el verdadero amor ni tampoco la educación ni forzar los sentimientos. Pero desgraciadamente el dinero puede comprar la opinión pública (no siempre lo consigue, como en el caso de la invasión de Irak), y puede comprar muchas armas. Hay muchos intereses en juego por parte de las empresas armamentísticas. Creo que es un elemento que no se tiene en cuenta normalmente pero que está jugando y va a jugar en un futuro en un papel muy relevante sobre todo en el siguiente orden mundial que vamos a conocer, en el que va a tomar un papel relevante China.

Las empresas armamentísticas viven justamente de crear inseguridad. Para poder vender armamento hay que crear inseguridad o por lo menos sensación de inseguridad. La OTAN dice que hay que seguir invirtiendo en defensa, y marca como objetivo de todos los países miembros que inviertan un 2% de su PIB en defensa, independientemente de si lo necesitan o no, sin tener tampoco en cuenta los intereses que tengan estos países, pero está claro que aquí los intereses de las empresas armamentísticas juegan un papel muy relevante. Es muy crudo decirlo así, pero las obscenas cantidades invertidas en armamento muchas veces hacen que nos metemos en misiones para poder justificar que tenemos un ejército y un gasto público en defensa. Es absurdo.

Entre 2015 y 2017 España fue el cuarto país que más dinero ingresó vendiendo armas a Arabia Saudí. Esta semana Javier Solana escribía un artículo titulado “Es la hora de Yemen” en que abogaba para hacer boicot comercial a Arabia Saudí. ¿Cómo fue la comparecencia del Ministro Borrell en el Senado?

La verdad es que las palabras de Solana me merecen poca credibilidad en general pero es cierto que nos sorprendió bastante Borrell en el senado en el sentido en el que su predecesor Dastis nos pareció incluso más progresista en algunas cuestiones que el propio ministro Borrell. Es difícil pero desgraciadamente fue así. Hay que decirlo con todas las letras.

A mí me preocupa mucho que Borrell haya sido recientemente elegido como ministro del PSOE para asuntos exteriores, porque no es una cuestión baladí. Nos parece que los asuntos exteriores no están presentes en nuestras vidas cotidianas, bien porque no están en los medios de comunicación o porque no están en nuestro día a día, pero tienen mucha repercusión en nuestra política todo lo que sucede a nivel internacional, porque estamos totalmente interconectados a nivel de relaciones políticas y económicas.

Con respecto a la venta de armas a Arabia Saudí la respuesta de Borrell fue muy decepcionante, sigue escudándose en que los astilleros tienen que comer de esa venta de armas, me parece que a estas alturas el debate debe de elevar el nivel e ir por otro camino. Nadie quiere que esas familias de la noche a la mañana tengan que estar en el paro, eso es hacer una demagogia profunda. Diversos estudios del ministerio de Defensa y algunos oficiales con los que he tenido la ocasión de hablar, teorizan que a quince años vista los astilleros van a ser cada vez menos necesarios.

Es decir, si ahora tenemos seis mil trabajadores, dentro de quince años seguramente vamos a verlos reducidos a tres mil, no por una cuestión de menor venta, sino por sustitución tecnológica. La tecnología va a ir sustituyendo más la mano de obra humana también en la elaboración de armamento y de naves de guerra. Si la previsión es esta y además los expertos en defensa lo reconocen, es totalmente factible plantearse la rescisión del contrato con Arabia Saudí y con Israel al tiempo que se trabaja intensivamente en un plan de reconversión laboral para que estos astilleros puedan seguir trabajando con sus conocimientos para otro sector que no sea el de la Defensa.

El PSOE no está actuando con mucha audacia con respecto a Arabia Saudí. Le hace daño, por un lado, a su votante más progresista de izquierdas el permitir que se sigan vendiendo armas y que el presidente Sánchez diga que “no somos responsables de lo que se hace con esas armas”. Pero está claro que en este momento priorizan las elecciones en Andalucía con Susana Díaz.

Esto tendrá costes. Si fueran más allá se darían cuenta de que no se les está pidiendo, tampoco Solana lo hace, que dejen de vender armas. Se les está pidiendo que dejen de vender armas a Arabia Saudí, con lo cual pueden redireccionar los contratos hacia otros países que, desgraciadamente también vulneraran los derechos humanos, porque el 80% de los países los vulneran, pero seguramente unos los vulneran menos que otros, o están menos puestos en conflictos y valdría la pena priorizarlos como clientes.

Otro debate es que obviamente hay que reducir ese comercio infame de armas porque la proliferación de empresas hace que este sector esté tomado unos volúmenes muy difíciles de asimilar. No se entiende. Es un mero negocio y no se entiende que tengamos esa obsesión por comprar armamento que no utilizamos en su mayoría, más si encima estamos vendiendo a países que ahora mismo las están utilizando de forma tan evidente contra niños, niñas y civiles inocentes.

Entendemos que un contrato no se pueda rescindir de la noche a la mañana, que todo tiene un proceso, que seguramente los saudíes habrán hecho todos los chantajes habidos y por haber para que no se les rescindan esos contratos y para que las democracias que le están vendiendo armas no ayuden a su crisis actual de imagen, pero no hay excusa para acabar con esto por parte del actual ministro y Gobierno en España.

¿Cree que hay una doble vara de medir en las relaciones internacionales? ¿De que dependen?

Por supuesto que hay doble vara de medir, depende de los intereses políticos sobre todo. Dónde gobiernan los míos y dónde no gobiernan. Es por el poder, eso está clarísimo. Todos los partidos políticos tienen sus aliados a nivel internacional. Todos priorizan zonas o regiones del mundo. El Partido Popular prioriza sus relaciones con la derecha latinoamericana. Tienen muy claro que el hecho de que gobiernen los suyos allí donde vayan facilitará todas las relaciones políticas comerciales y además les sirve para mantener el mismo orden mundial neoliberal que hasta ahora conocemos, liderado por Estados Unidos.

Evidentemente las derechas también tienen sus intereses con Arabia Saudí por lo que poco les importa si vulneran los Derechos Humanos, poco les importa cuando gobiernan los suyos en esas democracias latinoamericanas, si vulneran los DDHH como hemos visto en el caso de Brasil, donde la utilización de la justicia para encarcelar a Lula no ha escandalizado para nada a la derecha española.

Esa doble vara de medir va por ahí siempre, “dónde están los nuestros no se incumple nada, solo se incumple allí donde no gobernamos”. Es una cuestión de seguir manteniendo el poder. Los gobiernos neoliberales tienen la mayor parte de gobiernos a nivel mundial y quieren seguir manteniéndolos y quieren seguir marcando el orden mundial, eso está claro. El país que no baile su canción, su agua, el que intente salirse de ese orden mundial, es el que va a recibir palos por parte de los medios de comunicación y por parte de estos gobiernos neoliberales, tal y como apunta Baños en su obra Así se Domina el Mundo.

¿Cómo se hace política en minoría desde las instituciones?

Pues con mucho trabajo y mucho sudor. Es muy complicado tener presencia en los medios, hacer llegar todo nuestro trabajo, que es mucho: las iniciativas presentadas semanalmente, preguntas, mociones, proposiciones de ley que conocemos los que las estamos trabajando y los colectivos con los que estamos trabajando, porque no los trabajamos solos.

Son peticiones de la sociedad, de colectivos, afectan a veces a otras minorías y eso es muy difícil que tenga un impacto en los medios de comunicación y muchas veces nos dicen: “¿y por qué no nos habéis explicado que estabais haciendo todo esto?” ¡Si ya lo explicamos! Hacemos un comunicado de todo lo que hacemos diariamente, semanalmente, boletines…

Hacemos de todo para poder tener presencia en redes y medios convencionales pero no hay manera de inmiscuirse en los medios de comunicación convencionales, ni siquiera muchas veces en los alternativos. Hay alternativos que sí, evidentemente, que siempre te recogen algo y es de agradecer, sabemos que hay ciertos periódicos que más o menos te lo van a recoger pero tampoco son los periódicos más leídos a nivel social. De televisiones igual, son alternativas con poco presupuesto, en las que nosotros podemos salir, exceptuando La Sexta o Cuatro que de vez en cuando nos hacen caso y donde sí que podemos decir algo, pero nos resulta muy difícil.

Las televisiones públicas han perdido mucha pluralidad. Recuerdo años atrás, gobiernos de izquierdas de Cataluña o España donde era mucho más fácil ver a todos los partidos políticos en televisión, seguir los debates parlamentarios, ver mucha más conexión con la vida política y además en tiempo real.

Ver a mi partido debatiendo en el parlamento catalán afianzó mi militancia. Y ahora es siempre un resumen de lo que ha pasado en el parlamento, en el senado, en el congreso y un resumen, evidentemente, con una lupa y con unas gafas, con una forma de mirar siempre muy determinada que es la que impera, la de los gobiernos de derechas y neoliberales y la de las grandes empresas que son accionistas de esos grandes medios de comunicación. El medio es de quien invierte en él.

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