Centenario de la Komintern, la Internacional Comunista (1919-1943)

En marzo de 2019 se celebra el centenario de la Komintern (Internacional Comunista o Tercera Internacional), tras un congreso celebrado en Moscú, mientras tenía lugar, al mismo tiempo, la Conferencia de Paz de París, de la que la Rusia soviética había sido excluida. En ese Congreso se llamó a la solidaridad de las organizaciones obreras de todo el mundo. La evolución de la Komintern iría siempre de la mano de la evolución de la propia Unión Soviética.

Agrupaba a los partidos comunistas de diferentes países, con el objetivo específico, tal como se recogía en sus estatutos, de establecer “la lucha por suprimir el sistema capitalista con el objetivo de la completa abolición de las clases sociales y la realización del socialismo, como primer paso a la sociedad comunista”.

La Komintern fue una organización internacional que defendía y apoyaba la expansión del comunismo a nivel mundial, y cuyos objetivos principales fueron definidos durante su Segundo Congreso, como “luchar por todos los medios disponibles, incluyendo la fuerza armada, para derrocar a la burguesía internacional y la creación de una república soviética internacional, como una fase transicional hacia la completa abolición del Estado”.

“Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua”. Karl Marx.

Desde sus inicios, el movimiento obrero moderno había tenido presente la importancia de coordinar internacionalmente la acción de los trabajadores y la necesidad de crear para ello una organización obrera internacional. Para ello había nacido la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT, también conocida como Primera Internacional), con la participación activa de Marx y Engels. La AIT se escindirá por las tensiones entre socialistas y anarquistas, pero sentará las bases para el desarrollo de los partidos socialistas. La Segunda Internacional puso en pie los instrumentos de coordinación internacional, pero se fracturaría por las tensiones creadas por la postura de los movimientos obreros ante la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

En  noviembre de 1914, poco después del inicio de la Primera Guerra Mundial, Lenin escribe:

”La Segunda Internacional está muerta, vencida por el oportunismo. ¡Abajo el oportunismo y viva la Tercera Internacional!, desembarazada no solo de los tránsfugas, sino también del oportunismo. La Segunda Internacional ha cumplido su misión, útil, preparatoria, de organización de las masas proletarias durante una larga época de paz, que ha sido la de la esclavitud capitalista más cruel y la del progreso capitalista más rápido (último tercio del siglo XIX y principios del XX). A la Tercera Internacional le corresponde organizar la fuerza del proletariado para el asalto revolucionario de los gobiernos capitalistas, para la guerra civil contra la burguesía de todos los países, por el poder político, por la victoria del socialismo.”

”(…) La defensa de la colaboración de clases, la renuncia a las ideas de la revolución socialista y a los métodos revolucionariós de lucha, la adaptación al nacionalismo burgués, el olvido del carácter histórico transitorio de las nacionalidades y de las patrias, el fetichismo de la legalidad burguesa, la abdicación del punto de vista de clase y aun de la lucha de clases, por temor a enajenarse la masa de la población (léase la pequeña burguesía); tales son, incontestablemente, las bases ideológicas del oportunismo. (…) La guerra no ha hecho más que revelar bruscamente y de modo agudo las proporciones reales de este predominio [del oportunismo] en la Segunda Internacional.”

La Tercera Internacional, la Komintern, nació de la crisis del movimiento obrero y, en particular, de su fracaso ante la primera conflagración imperialista, estrechamente vinculada a la primera revolución obrera victoriosa, y abrió las esperanzas a las revoluciones internacionales que deberían haber seguido a la victoria rusa.

«A la Tercera Internacional le corresponde organizar la fuerza del proletariado para el asalto revolucionario de los gobiernos capitalistas, para la guerra civil contra la burguesía de todos los países, por el poder político, por la victoria del socialismo”. Lenin en el artículo «Situación y tareas de la Internacional Socialista», publicado en noviembre de 1914.

La Segunda Internacional y la Primera Guerra Mundial

Aunque los problemas y tensiones dentro de la Segunda Internacional habían sido evidentes desde hacía décadas, el estallido de la Primera Guerra Mundial se convirtió en el elemento definitivo que dividió a los revolucionarios y los reformistas, dentro del movimiento obrero.

El movimiento socialista había tenido, históricamente, una fuerte característica pacifista, antimilitarista e internacionalista, y por tanto se oponía a que los trabajadores se convirtiesen en “carne de cañón” para las guerras de los gobiernos burgueses. En este sentido, se seguían la lecciones de Karl Marx, cuando señalaba que “la clase obrera no tiene país” y proclamaba “¡Proletarios del mundo, uníos!”. Y se habían votado resoluciones para la Segunda Internacional que reclamaban que la clase obrera debía resistirse a la guerra, si ésta era declarada.

Sin embargo, pocas horas después de las declaraciones de inicio del conflicto, casi todos los partidos socialistas de los estados combatientes habían anunciado su apoyo a la guerra, con la única excepción de los partidos socialistas de los Balcanes y el Partido Laborista británico. Para sorpresa de Lenin, incluso el Partido Socialdemócrata Alemán votó a favor de los créditos de guerra.

Además, el asesinato del socialista francés Jean Jaurès, el 31 de julio de 1914, acabó también con uno de los pocos líderes socialistas que poseían la suficiente influencia internacional para evitar su fragmentación nacional y el apoyo a la guerra. Solo en los países neutrales los partidos socialistas mantuvieron una posición de neutralidad (que no de oposición a la guerra).

En 1915, durante la Conferencia de Zimmerwald, Lenin organizó la oposición a la guerra imperialista en un movimiento, que se conocería pronto como la Izquierda de Zimmerwald, y que publicaría el escrito Socialismo y guerra. En él, Lenin señalaba que todos los socialistas que colaborasen con sus gobiernos nacionales eran socialistas de palabra, pero chovinistas de hechos. A pesar de su postura, la Izquierda de Zimmerwald no fue capaz de proporcionar ningún consejo práctico sobre cómo iniciar una revolución socialista.

Como consecuencia de este proceso, la Segunda Internacional se dividió en una izquierda revolucionaria y un sector reformista, con un sector central que basculaba de un polo al otro. Ese “centro” fue duramente criticado por Lenin porque, a pesar de oponerse a la guerra, votaron a favor de los créditos de guerra.

Desacreditada por su pasividad hacia los acontecimientos mundiales que la estaban arrollando, la Segunda Internacional se disolvió en 1916.

El impacto de la Revolución Rusa

En 1917, aún en el marco de la Primera Guerra Mundial, Lenin publicó las Tesis de Abril, en las que apoyaba y defendía abiertamente el “derrotismo revolucionario”, en el que los socialistas debían pronunciarse a favor de la derrota de sus propios países en guerra, lo que les permitiría trasladarse directamente a la fase de la insurrección revolucionaria.

La victoria del Partido Comunista ruso en la revolución bolchevique de noviembre de 1917 fue seguida en todo el mundo, y pasó a demostrar que existía una vía alternativa al poder que no era la política parlamentaria. Por toda Europa, que se encontraba al borde del colapso económico, político y social, como consecuencia de las carnicerías de la Primera Guerra Mundial, los sentimientos revolucionarios estaban exacerbados.

En este ambiente, los bolcheviques rusos, liderados por Lenin, consideraban que, a menos que la revolución socialista se extendiese por toda Europa, los logros revolucionarios en Rusia serían derrotados por el poder militar del mundo capitalista, igual que había sucedido con la Comuna de París, en 1871. Por eso, los bolcheviques creían que era necesaria la creación de una nueva internacional, para fomentar la revolución mundial.

La Tercera Internacional. 1ª fase: 1919-1925

La Komintern fue fundada en un Congreso llevado a cabo en Moscú, en marzo de 1919, con el trasfondo de la Guerra Civil rusa. En el Congreso estuvieron presentes 52 delegados de 34 partidos diferentes, que decidieron formar un Comité Ejecutivo, con representantes de las principales secciones y que se uniesen otros partidos a la Internacional, que tendrían sus propios representantes. El Congreso decidió que el Comité Ejecutivo elegiría a cinco miembros que llevarían a cabo las tareas cotidianas, aunque esa oficina no se formó nunca. Lenin, Trotsky y Rakovsky delegaron posteriormente la tarea del mantenimiento de la Internacional en Zinoviev, como Presidente de la Ejecutiva.

Durante el Congreso, Lenin, Trotsky y Kollontai presentaron diversos materiales organizativos e ideológicos, aunque el principal tema de discusión y debate fue la diferencia entre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado.

Aunque Zinoviev había sido elegido como Presidente del Comité Ejecutivo de la Komintern, y estuvo en el cargo hasta 1926, la figura dominante hasta su muerte, en enero de 1924, fue Lenin, cuya estrategia revolucionaria había sido establecida en su trabajo ¿Qué hacer? (1902).

Bajo su liderazgo, la política central de la Komintern fue que los partidos comunistas se estableciesen en todo el mundo, para ayudar a la revolución proletaria internacional. Los partidos también compartían su principio de centralismo democrático, basado en el concepto de “libertad de discusión, unidad de acción”: los partidos podían tomar sus decisiones de forma democrática, pero manteniendo una imagen disciplinada en cualquier decisión que se tomase. Durante esta fase inicial, la Komintern fue impulsada como el ideario general de la revolución mundial.

Para el Segundo Congreso de la Komintern, celebrado en agosto de 1920, Lenin preparó una extensa documentación, incluyendo las “Veintiuna Condiciones” para todos los partidos socialistas que pretendiesen unirse a la Internacional. Se trataba de los puntos ideológicos y organizativos que debían aprobar todo partido u organización que quisiese adherirse a la Internacional Comunista.

Entre otras cosas, las “Veintiuna Condiciones” establecían que debía romperse totalmente las relaciones con los reformistas y se procedería a su expulsión; combinar el trabajo legal con el ilegal, en el intento de llegar al poder; denunciar tanto el “social-patriotismo” como el “social-pacifismo”; crear una organización clandestina paralela a la legal; apoyar todo movimiento de liberación de las colonias del propio país; atacar a la internacional de sindicatos amarillos de Ámsterdam; organizar el partido sobre los principios del centralismo democrático; apoyar incondicionalmente a todas las Repúblicas Soviéticas; que todo partido miembro se denominase “Partido Comunista de [el país] (sección de la Internacional Comunista)”, etc.

En general, se estableció la separación entre los partidos comunistas y otros grupos socialistas, y se instruyó a las secciones de la Komintern para que no confiasen en la legalidad de los estados burgueses. También se reclamaba la construcción de organizaciones del partido, de acuerdo a la idea de centralismo democrático, en las que la prensa del partido y las facciones parlamentarias estarían bajo el control directo de la dirección del partido.

En referencia a la situación política de las colonias el Segundo Congreso estipuló que debía formarse un frente unido entre el proletariado, campesinado y burguesía nacional de los países coloniales, y debían apoyarse los movimientos de liberación burgueses-democráticos en las colonias. Algunos de los delegados se opusieron a la idea de una alianza con la burguesía y prefirieron dar apoyo a los movimientos comunistas en esos países, lo que llevó a la eliminación del término “burgués-democrático” de sus demandas.

En junio-julio de 1921 se llevó a cabo el Tercer Congreso, centrado, sobre todo, en cómo la lucha podía transformarse en una guerra civil, cuando las circunstancias fuesen favorables y existiesen levantamientos abiertamente revolucionarios, una tendencia que continuó en el Cuarto Congreso, en noviembre de 1922.

Durante este período inicial de su historia, con la revolución bolchevique asaltada en la Guerra Civil rusa y una oleada de revoluciones que se produjeron por toda Europa, la prioridad de la Komintern fue la exportación de la Revolución de Octubre. Por eso, se vio involucrada en revoluciones por toda Europa: en 1919 la República Soviética en Hungría; en 1923 en Alemania; en 1924 en Estonia, etc.

La 2ª fase: 1925-1935

Tras la muerte de Lenin, en 1924, la organización vio un cambio en el foco de su actividad inmediata, desde la revolución mundial hacia la defensa del estado soviético. Tras la llegada al poder de Stalin se mantuvieron las tesis del “socialismo en un país”, detalladas por Bukharin en abril de 1925.

Esta posición fue definida finalmente en enero de 1926 por el propio Stalin, que estableció claramente la línea del partido: “un internacionalista es quién está preparado para defender la URSS sin reservas, sin vacilación, incondicionalmente; para la URSS es la base del movimiento revolucionario mundial, y este movimiento revolucionario no puede defenderse y promoverse sin defender a la URSS”. Tras los fracasos del levantamiento espartaquista en Alemania y la República Soviética en Hungría se abandonó el sueño de una revolución mundial.

“Un internacionalista es quién está preparado para defender la URSS sin reservas, sin vacilación, incondicionalmente». Stalin.

Zinoviev fue dimitido de su cargo en la Komintern en 1926, al perder el favor de Stalin, y fue Bukharin el que asumió su dirección, hasta 1928, cuando también cayó en desgracia ante Stalin. A partir de 1934 fue el líder comunista búlgaro Dimitrov el que presidiría la organización, hasta su disolución en 1943.

Durante esta nueva fase, aunque la Komintern era una organización relativamente pequeña, desarrolló formas novedosas de controlar los partidos comunistas de todo el mundo. Por ejemplo, consiguió el control sobre la dirección de esos partidos enviando agentes que reforzaban ciertas facciones, mediante el uso de extensos fondos económicos, expulsando a los pensadores libres e, incluso, mediante la eliminación de partidos nacionales enteros (como ocurrió con el Partido Comunista de Polonia, en 1938).

Además, se establecieron organizaciones comunistas para atraer a personas no adheridas al partido comunista, pero que estaban de acuerdo con sus postulados en algunos puntos específicos. Un tema común, por ejemplo, fue la oposición al fascismo, a mediados de los años 1930. Durante los años 1920, bajo la dirección de Zinoviev, la Komintern estableció organizaciones de frentes en muchos países, una tendencia que siguió posteriormente.

Para coordinar sus actividades, la Tercera Internacional impulsó una serie de organizaciones “paraguas” internacionales, ligadas a grupos que traspasaban las fronteras nacionales: organizaciones juveniles, sindicales, de agricultores, de ayuda humanitaria, deportivas…

Desde 1928 la Komintern proclamó que el sistema capitalista estaba entrando en una fase final de colapso y, por tanto, todos los partidos comunistas debían adoptar una línea agresiva y militante. Todas las tendencias de los partidos de izquierda moderada fueron consideradas como social-fascistas y se animó a los comunistas a eliminar a esa izquierda moderada. Con el surgimiento del movimiento nazi como una fuerza política importante, desde finales de los años 1920, esta tendencia se fue haciendo cada vez más controvertida. En julio de 1928, el mismo Stalin decía que ”la socialdemocracia forma el principal apoyo del capitalismo dentro de la clase obrera y el principal enemigo del comunismo”.

Y en julio de 1929 se aprobaba una declaración de la Internacional Comunista que señalaba que, ”en aquellos países donde existen poderosos partidos socialdemócratas, el fascismo asume la forma especial de socialfascismo, el cual, en un grado cada día mayor, sirve a la burguesía como instrumento que paralice la actividad de las masas en la lucha contra la dictadura fascista”.

El Séptimo Congreso Mundial se llevó a cabo en julio-agosto de 1935, y a él asistieron representantes de 65 partidos comunistas. El informe principal fue presentado por Dimitrov, junto a otros presentados por Togliatti, Pieck y Manuilsky, que avalaban la creación de frentes populares contra el fascismo.

Esta política defendía que los partidos comunistas debían buscar formar un frente popular con todos los partidos políticos que se opusieran al fascismo y no limitarse a formar un frente unido con aquellos partidos basados única y exclusivamente en la clase obrera. En la práctica, eso implicaba que también eran posibles las alianzas (temporales) con partidos burgueses. Esto no provocó ninguna oposición significativa dentro de ninguna sección nacional de la Komintern.

Las purgas de Stalin de los años 1930 afectaron también a los activistas de la Komintern que se encontraban tanto en el bloque soviético como más allá de sus fronteras. Por orden de Stalin, 133 de las 492 personas que formaban el personal de la Komintern fueron víctimas de la Gran Purga; cientos de comunistas y antifascistas alemanes, que habían huido de la Alemania nazi, fueron liquidados, y más de un millar fueron devueltos a las autoridades alemanas.

La disolución

Poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el pacto de no agresión Ribbentrop-Molotov de agosto de 1939 entre la Alemania nazi y el gobierno soviético provocó fuertes tensiones dentro de la Komintern. También llevó a que la Komintern apoyase una política de no-intervención al inicio del conflicto, señalando que se trataba, nuevamente, de una guerra imperialista entre las clases dominantes de diversos países, tal como había sucedido con la Primera Guerra Mundial. Pero toda esta consideración cambió en junio de 1941, cuando la URSS fue atacada por el ejército alemán, lo que provocó un cambio de posición hacia una de apoyo activo a los Aliados.

El 15 de mayo de 1943, en una declaración del Comité Ejecutivo enviada a todas las secciones nacionales de la Internacional Comunista, se proclamaba la disolución de la Komintern. En general, siempre se ha afirmado que esta disolución se produjo por el deseo de Stalin de calmar a sus aliados en el conflicto y despejar la duda de si la Unión Soviética estaba persiguiendo una política de fomento de la revolución comunista en otros países.

Tras la Conferencia de París de junio de 1947, sobre el Plan Marshall de ayuda a Europa, Stalin reunió un grupo de partidos comunistas clave en Europa, en septiembre, y formó la Kominform, Oficina de Información Comunista, a menudo vista como una sustituta de la Komintern.

Se trataba de una red de partidos comunistas de Bulgaria, Francia, Hungría, Checoslovaquia, Italia, Polonia, la URSS y Rumanía (Yugoslavia, liderada por Tito, fue expulsada en junio de 1948). La Kominform, a su vez, fue disuelta en 1956, poco después de la muerte de Stalin, en 1953, y del Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Aunque los partidos comunistas en el mundo ya no tenían una organización internacional formal, continuaron manteniendo relaciones estrechas unos con otros, a través de fórums internacionales.

Miquel de Toro

Doctor en Historia Moderna y Contemporánea, especializado en nazismo, fascismo y extrema derecha. Redactor de El Estado. 

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