Unidas Podemos frente al golpe Voxbónico

La historia de la humanidad avanza mediante un reloj de péndulo. La danza de dicho péndulo marca el paso inexorable del tiempo, segundo a segundo, balanceándose de derecha a izquierda o viceversa, del progresismo hacia el conservadurismo. Las sociedades humanas y, en consecuencia, cada uno de nosotros, vamos montados en él y nos pensamos sus jinetes, creyéndonos la voz que lo dirige. Pero la verdad es ésta: la historia es un mar embravecido con olas que barren civilizaciones, culturas y generaciones enteras, a veces de izquierda a derecha, a veces de la reacción a la revolución.

Éste es el significado que descifra la imagen de la “ola reaccionaria”, la cual usamos se utilizaba en un artículo anterior (“Unidas, Podemos” -31/03/2019-) para referirse a la ofensiva ultraderechista que, en la actualidad, está barriendo el globo terrestre. Una contrarrevolución de las clases dominantes mundiales la cual, tras la culminación de su momento o fase económicos (implantación del neoliberalismo como forma contemporánea para el capitalismo imperante), ha iniciado su episodio político.

La segunda fase o momento político, el cual tiene su objetivo principal no en la conquista del poder político (pues, en las sociedades occidentales, sus élites capitalistas ya poseen de facto dicho poder), sino en convertir su actual aspecto de “democracias liberales” en una forma, en un régimen político nuevo que permita a dichas élites económicas asegurar su posición de dominio (en un sólo término: que las permite «remachar» su hegemonía).

>>Unidas, Podemos<<

Se conoce como “absolutismo democrático” o “democracia absolutista” a este nuevo régimen de gobierno. Una nueva forma de democracia, paradójicamente, de naturaleza y carácter autoritarios la cual, inducida por parte de las clases propietarias y en virtud del poder de su riqueza, tratará de perpetuar su presente posición social de dominio (y por tanto, su contemporáneo rol de monopolizadores de los privilegios y de expoliadores y opresores de la mayoría de la población). La «democracia zombie» coincide con un régimen político de carácter superficial o formalmente demócrata, pero, en realidad y en cuanto a su contenido concreto, con una naturaleza, mecánica y dinámica totalmente autoritarios.

Un sistema de poder hueco, carente en absoluto de cualquier principio, elemento u organismo verdaderamente democrático. Esta democracia de cáscara vacía es obtenida mediante la vampirización del espíritu y de la letra legales (marco jurídico), de la red completa de instituciones (marco legislativo), de los ámbitos o consejos de decisión política (marco ejecutivo), de la propia sociedad política (representantes elegidos) y, en último término, de la naturaleza de clase primordial o radical que constituyen, en su globalidad, todo régimen democrático liberal. Un régimen democrático liberal el cual, una vez ya instituido el poder de las élites económicas como único sistema verdaderamente hegemónico, constituye en su actual forma una amenaza para dicha hegemonía, y por tanto, debe ser refundado como absolutismo democrático.

La vampirización del marco legal vigente (mediante el control por la puerta de atrás del poder judicial, las reformas en función de los intereses de los dominantes de los diferentes códigos de leyes o, por ejemplo, también mediante la subida de tasas judiciales); la vampirización del complejo institucional existente (desconexión intra- e inter- los integrantes de la propia red institucional del estado -consejos ejecutivos, parlamentos, diputaciones, ayuntamientos-, así como su propia limitación de atribuciones y responsabilidades); la vampirización de la sociedad política periódicamente elegida y renovada (selección de los partidos políticos que pueden obtener representación mediante la ley electoral y una oferta exclusivamente burguesa o pequeño burguesa de los mismos y de los integrantes de las listas).

Ahora bien, la vampirización -el vacío crítico- de la vigente naturaleza de clase cambiante, dinámica o, en un sólo término, viva, de la democracia liberal (una naturaleza, recordemos, ya burguesa o patrimonializada por las clases dominantes, pero, en última instancia, aún sometida a esa vida, movimiento o posibilidad de alteración que corre por el interior de toda auténtica democracia) y su reconversión en un sistema de gobierno a perpetuidad, esa zombificación, no es igual de fácil.

De hecho, solamente es posible mediante, o bien la neutralización indefinida, o bien mediante la expulsión definitiva de todos aquellos grupos o clases sociales no propietarios (es decir, de las clases trabajadoras) de los órganos de poder y de la propia posibilidad de poder llegar hasta ellos. Pues, tal y como la historia demuestra, la mayoría absoluta social o clases obreras, dado el caso de que puedan gozar de la oportunidad de controlar y, por tanto, de accionar las palancas de poder correspondientes a los diferentes organismos e instituciones democráticos del estado en beneficio propio y de sus intereses, obviamente, lo harán (imposibilitando así el triunfo de toda voluntad o ambición neoliberales o reaccionarias).

> La izquierda necesaria, la verdad y la revolución<<

Y es aquí precisamente, en esta la más vital sección o engranaje del mecanismo (ya en marcha) para la zombificación de la democracia liberal, donde hallan su lugar y su porqué la actividad de los grandes grupos comunicativos; es decir, la manipulación o intoxicación mediáticas. Pues, para el éxito de aquel golpe autoritario que están desarrollando las élites mundiales en este momento, resulta del todo imprescindible que dicha maniobra o golpe pase, en la medida de lo posible, totalmente desapercibido (silencio o distracción mediáticos).

Y, en el caso de no ser así, que sea mayoritariamente aprobado, defendido y, en consecuencia, viralizado por la opinión pública (infoxicación informativa). Una opinión pública la cual, solamente si aprueba, defiende y viraliza dicho golpe, hará de su resultado (la democracia autoritaria vacía), Poder (pues la opinión pública o mayoría de la población, si bien habiendo sido previamente engañada o manipulada, habrá aceptado el dominio del aspirante a gobernar y de su forma de hacerlo, sometiéndose al mismo).

La monarquía parlamentaria española o régimen democrático borbónico constituyen, hoy, el único ejemplo occidental de aquellos “regímenes democráticos absolutistas o autoritarios” (“democracias vampirizadas”) que tratan de conquistar el poder sobre Occidente. Basta con recordar, muy brevemente, el certificado de nacimiento de esta democracia, la Constitución de 1978 y la historia de su redacción, que:

  • No fue elaborada por unos ponentes constitucionales elegidos -mediante votación parlamentaria-, sino por los miembros y de entre los miembros del conjunto total de diputados (350) que tendrían que haber conformado unas Cortes Constituyentes enraízadas y surgidas de unas elecciones de carácter constituyente, que hubieran expresado con toda claridad la Voluntad Popular o Voluntad General de los españoles. Una voluntad que constituye la auténtica manifestación de la única y exclusiva raíz de cualquier régimen democrático o democracia liberal própiamente dicha: la Soberanía de la Nación.

Y aún más: la constitución de 1978 otorgó carta de naturaleza a un régimen democrático, tal y como acabamos de ver, bastardo y, en consecuencia y en tanto carta magna, a una sociedad hipócritamente «demócrata» nacidos a punta de pistola. Concretamente, la pistola humeante de una dictadura fascista de 40 años de duración. Una dictadura, un entero aparato estatal opresivo y represivo el cual se transmutó al completo, el cual se mudó en su totalidad, intacto, a aquel despropósito documental confeccionado (con nocturnidad y alevosía) por unos comisarios políticos designados al efecto por, atención, la propia dictadura.

En consecuencia, una democracia absolutista española que, como pionera del absolutismo o autoritarismo democrático ahora en avance, contó (y, obviamente, aún cuenta) con la impagable labor de zapa y de desinformación (con el único objetivo de la manipulación de masas) de los grandes empresarios y grupos comunicativos nacionales.

Una función desinformativa sencillamente vital para la conquista de la posición como sistema de gobierno y para su consolidación como «democrático» (falsamente) régimen de poder; así como una verdadera pata golpista mediática la cual, creando, colocando y moviendo al dictado del poder fáctico (corte borbónica y sus élites neofranquistas) las mentiras que se proyectan y se repiten constantemente en las pantallas que usa la ciudadanía para conocer la realidad, nos hace creer que la caverna -por autocrática y por dictatorial- donde nos mantienen reos el sistema económico (pata golpista económica) y el sistema político imperantes (pata golpista política), son un estado “de derecho” y/o “del bienestar”.

Una milagrosa e irrepetible a nivel europeo arcadia constitucional en la cual todos somos iguales, todos poseemos las mismas libertades, todos podemos llegar a ser aquello que deseemos y, como pináculo de la aberración democrática en la cual vivimos y a la cual protegemos, una arcadia socialista en la que todos mandamos.

Unas sombras proyectadas en una pared lisa; unos reos atados a un tronco con el cuello erguido y, de este modo, con la vista, fija, hacia delante; un frío y una humedad de gruta que inmobiliza físicamente a aquellos prisioneros y, finalmente, una gran llama que alumbra toda esta oscuridad permitiendo que la verdad baile en nuestros teléfonos, televisores u ordenadores.

>>Las cloacas de (son) el Estado español<<

Una oscura estampa la cual, si recordamos las palabras de nuestro profesor de filosofía del instituto, nos presenta la versión 2.0 del universal “mito de la caverna” de Platón. Una leyenda inmortal que nos revela y describe la íntima conexión existente entre la mentira, la ignorancia y la falta de libertad. Y lo hace con unos personajes que hoy, por ejemplo, podríamos fácilmente identificar:

  • Unos policías que integran el cuerpo mal llamado “patriótico” de las cloacas del estado español, los cuales, a las órdenes de la Corona y del Gobierno del Partido Popular.
  • Estos policías fabrican pruebas falsas (robo de teléfonos, informe “Pablo Iglesias S.A.” -PISA-, falsas cuentas bancarias en paraísos fiscales, etcétera), en un sólo término y usando fondos públicos, que fabrican basura informativa.
  • Esta información es entregada confidencialmente a cómplices designados como periodistas (medios públicos y medios afines a la ideología conservadora; los 80 periodistas de César Alierta; Eduardo Inda, Paco Marhuenda y prácticamente el resto de los grandes grupos informativos privados del país –atresmedia, grupo vocento, mediaset, etcétera, los cuales se hallan en manos de miembros de la élite o clase social dominante-) para que éstos, agitando dicha inmundicia mediante sus herramientas (medios de comunicación).
  • Estos medios engañan a la opinión pública, la manipulan y, en virtud del estado de opinión inducido o mentido que se consigue así, tratan de destruir, mediante un bombardeo mediático pertinaz y constante de desprestigios, desacreditaciones, insultos, insidias e, incluso, aliento y apoyo a la agresión, a los partidos políticos y a los representantes que dotan de voz, cuerpo y, por tanto, de capacidad de acción a las clases trabajadoras y humildes de nuestro país.

Todo esto provoca una destrucción que se correspondería, tal y como fácilmente observamos, con el triunfo de la fase política de la contrarrevolución neoliberal o conservadora en marcha (un triunfo, como ya sabemos, que consiste en la instauración del autoritario régimen democrático absolutista como sistema político) y que, en nuestro país, solamente puede dirigirse y efectuarse en contra de los responsables o cuadros dirigentes, los representantes o cargos electos y, finalmente, los inscritos o militantes del partido político Unidas Podemos.

Porque Unidas Podemos, el único partido político representante de la clase trabajadora española, la única formación/organización política auténtica y necesariamente de izquierdas de nuestro país (no olvidemos que el PSOE, como buena socialdemocracia lacaya, es monárquico y, por tanto, es una organización conservadora o de derechas), tal y como Pablo Iglesias expuso en su reciente entrevista con Ana Pastor en el programa “el objetivo”, sabe quién son, qué quieren y cómo nos quieren los explotadores, expoliadores, opresores y ladrones que, no desde 1978, sino desde 1939, dominan España y están tratando, hoy, de erigirse en sus vitalicios dictadores.

Pero, tal y como hemos visto, Platón no va a permitírselo.

El Proletariado español no va a permitírselo.

Unidas Podemos no va a permitírselo.

Ni nosotros tampoco.

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