Tánatos visita el Valle de Cuelgamuros

En una zona acotada de un gigante bosque de pinos cerca de Huntsville (EEUU), la facultad de Southeast Texas Applied Forensic Science tiene esparcidos unos doce cadáveres en varias etapas de descomposición. Desde el año 2009 los investigadores estudian minuciosamente estos podridos cuerpos, entre ellos los entomólogos que pueden visitar un cuerpo hasta cuatro veces al día.

Los insectos disfrutan como locos de las carnes y flujos que nuestros cuerpos pueden ofrecer. De hecho, hay insectos que pasan todo su ciclo de vida en el cadáver, y los cambios que ejercen sobre un cuerpo son casi instantáneos. Según una observación, una mosca tardó menos de tres segundos en dejar sus huevos en la nariz de un cuerpo recién tumbado.

El cuerpo humano es energía, y la ley de la termodinámica cita que la energía no se crea ni se destruye, solo muta de una forma a otra. Los animales e insectos del bosque de Huntsville transforman en energía lo que fueron seres vivos como lo somos nosotros ahora. Los hongos que brotaban de la barriga de uno de los cadáveres se están transformando y aprovechan la energía almacenada del aquel difunto, quizás un bicho comerá estos hongos y así la cadena sigue.

Pero claro, estos muertos han sido devueltos a la naturaleza, y por lo tanto devuelven a la tierra sus gramos de nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio. Pero si a tí te han sacado la sangre y extirpado los órganos internos, inyectado a tu cuerpo formaldehido, agua y alcohol, si has estado en una caja de zinc en medio de una colina lúgubre desde hace 43 años, no vas a devolver energía jamás. Es que, por muchas salvas e Himnos Nacionales que te puedan tocar ahora, ya no eres más que un cuerpo desecado.

Pero, aun así, con suerte, te pueden meter en una máquina trituradora como las que hay en los crematorios y hacerte polvo. Así, por lo menos, te podemos echar a las flores; para que ayudes a traer algo de color a esta tierra; por una vez en tu vida.

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