Presentación

Buenas.

Les traslado la bienvenida que me ha ofrecido nuestro querido director, y les hago participes de ella.

A partir de ahora compartiremos de cuando en cuando una visión, espero que amena y lúdica de distintos aspectos del mundo cultural y deportivo. Prometo no ofender su inteligencia intentando pastorear, y en mi declaración de intenciones vaya por delante que espero y asumo futuras criticas, que también prometo no echar en saco roto.

Les anticipo que quien esto suscribe porta el alma blanca y la sangre roja, con todo lo que ello conlleva; lo considero condición sine qua non para intentar, solo intentar, ser buena persona.

Pido por otra parte humildemente disculpas por el precipitado debut de mi alter ego El arráez, que fruto de nuestra ascendencia Géminis, no pudo resistir la indignación que le produjo la desfachatez del Sr. Rato en su comparecencia y se lanzó al ruedo antes de tiempo, con no sé que me pareció entender que a alguien le faltaba una cuerda o algo así. Dejaremos para él los cabreos y las cuestiones metafísicas.

Les recomiendo hoy encarecidamente, aparte de la música de Biber, una exposición fantástica a la que se puede acceder de manera gratuita en el Museo de Historia de Madrid, en Tribunal, Fuencarral 78, del para mí desconocido genial dibujante Garrido. Sus entrañables dibujos del Madrid de siglo XX y el sano y no tan ingenuo humor que destilan son absolutamente impagables. La han prorrogado, así que por favor, dense prisa.

Y del Madrid, ¿qué?. No sé si dejarlo para otro día. El enfermo tiene mala pinta. Me comentaba en una ocasión un antiguo ganador de copas de Europa, que jugó con Di Stefano, y del que Vds. me van a permitir omita el nombre: “Mira, cualquier equipo, por muy bueno que sea, siempre, siempre, tiene que tener un tío que juegue como un hijo de puta. Y si me apuras, dos”. Y yo creo que este señor sabía de lo que hablaba. Pues lo mismo es eso, con once madres no vamos a ningún lado.

Jamás me he sentido tan mal como madridista (ya les avise de que tenía el alma blanca), como en la última media hora del reciente partido con el Barcelona; se la pasaban andando, y el de blanco más cercano estaba como poco….¡a siete metros!.
Pero la esperanza es lo último que se pierde, y como decía aquel forofo en situaciones similares, competiciones de pueblo, las puede ganar cualquiera.

Parafraseando a Bogart, siempre nos quedará París, digo la Champions.

Pablo Álvarez

"Republicano confeso con el alma blanca y la sangre roja. Escribo en ElEstado.net porque nuestro querido director así me lo propuso en un momento de debilidad, en un gimnasio y ligeros de ropa, apelando a mi buena pluma. Admirador de Rubens, Picasso y David Hockney ¡Hala Madrid!"

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