¿Por qué el PSOE ha traicionado al socialismo y al obrero español?

En uno de nuestros anteriores artículos (en concreto, el publicado en ElEstado.net el pasado 11 de marzo con el título “Unidas Podemos frente al 28A: ¿Reforma o ruptura?»), refrescábamos la memoria a nuestros muy exigentes -y, por tanto, críticos– lectores enumerando, a vuela pluma, la muy reducida serie de verdades que revelan la auténtica naturaleza y todos los porqués de las organizaciones de masas conocidas como partidos políticos (unas organizaciones que coinciden, hoy en día, con los aparentemente únicos protagonistas de cualquier régimen democrático liberal del mundo).

>>Unidas Podemos frente al 28A, ¿reforma o ruptura?<<

De entre todas ellas destacaba, en especial, aquella que, casi sin querer, enunciaba la razón del por qué la democracia es, en la actualidad, la forma política que adoptan la mayoría de las sociedades contemporáneas existentes. Una razón que deriva del hecho, por un lado, de la total heterogeneidad de cualquier comunidad humana (toda sociedad está compuesta por una serie limitada de grupos humanos multitudinarios; unas clases sociales que poseen su origen en el distinto modo de relacionarse -cada uno de sus miembros y dicha clase en cuanto totalidad de los mismos- con los medios de producción de la supervivencia en aquella comunidad y en aquel tiempo determinados); y, por el otro, del enfrentamiento real dado en toda comunidad humana entre sus constitutivos grupos.

Una lucha en constante desarrollo en virtud de la diametral oposición existente entre los conjuntos de intereses materiales e ideológicos de cada una de aquellos constitutivas agrupaciones sociales (unos conjuntos de intereses particulares y una oposición radical que tienen su explicación en la posición social divergente que, en virtud del diferente modo de relacionarse con los medios de supervivencia física -y, por tanto, social-, ocupan cada uno de aquellas agrupaciones).

Con la única finalidad de evitar que sus componentes (como ya hemos dicho -y puede fácilmente observarse- permanentemente en situación de lucha despiadada) devoren a la propia sociedad, éstos crean una autoridad (un poder) por encima de sí mismos y el cual tiene como único objetivo imposibilitar tal apocalipsis (el estado). Un estado, una forma de vida política la cual, a lo largo de la historia, ha ido mutando o evolucionando pero que, en nuestra época, tiene el aspecto del estado democrático o democracia liberal.

Una configuración que permite, en vistas a aquella finalidad única consistente en la conservación y el aseguramiento de la vida en comunidad, a cada uno de los elementos constitutivos de la sociedad, expresarse y luchar a través de sus  propios y particulares representantes por la realización y/o satisfacción de sus connaturales intereses mediante un “pacífico” (relativamente) y “libre” (legislado) juego o dinámica de carácter parlamentario.

>>Unidas Podemos frente al golpe Voxbónico<<

Por consiguiente, en toda democracia los partidos políticos no son más que las herramientas que utilizan cada una de las agrupaciones de masas componentes de la sociedad para conseguir la satisfacción de sus conjuntos particulares de intereses materiales o ideológicos. En definitiva, para edificar esa sociedad o esa vida en comunidad bajo su propio punto de vista. Unos partidos políticos los cuales, en consecuencia, dotan de voz y de manos (capacidad de acción):

  • En primer lugar, a los grupos –clases altas o éliteposeedores de los medios de producción (terratenientes y burguesía industrial y financiera);
  • En segundo término, a los grupos –clases medias– que disponen de unos pequeños capital y propiedad (pequeños propietarios);
  • y, finalmente, a los grupos –clases trabajadoras, humildes o asalariadas– que se encuentran obligados a vender su fuerza o capacidad de trabajo para sobrevivir (mayoría de la población).

Los partidos liberales o conservadores integran la denominada derecha nacional; representan a las clases poseedoras (es decir: luchan por el dominio social y, en consecuencia, por la edificación del país conforme a los conjuntos de intereses de las clases sociales grandes y pequeñas propietarias); finalmente, en España la derecha coincide con el Partido Popular y con Ciudadanos.

Enfrentados a ellos, los partidos progresistas o socialistas integran la izquierda nacional; representan a las clases trabajadoras o no propietarias (es decir: luchan por el poder y, en consecuencia, por la construcción del país conforme a los principios e intereses de las clases humildes y asalariadas); en nuestro país, la izquierda coincide con el Partido Socialista y con la coalición Ahora Podemos.

Ahora bien: en la actualidad, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tal y como, en primer lugar, su renuncia explícita a la base ideológica de todo verdadero socialismo y, en segundo lugar, tal y como cada una de las políticas o medidas implementadas durante sus legislaturas en el poder de la nación han acabado por mostrar y demostrar, ha abandonado a su grupo social (clases obreras) y, en virtud de este rechazo, ha renunciado al conjunto de intereses que constituían su propio sentido y su propio quehacer: transformar España en función del horizonte humilde, popular o socialista.

Porque una cosa es llamarte socialista, o que te tomen por socialista, y otra muy diferente es serlo. Pues engañar a los confiados trabajadores con discursos, con salmos que suenan a izquierda pero que, a la hora de la verdad, una vez estás finalmente sentado en el consejo de ministros, no son más que sombras en la noche, ya que a nivel efectivo, a nivel real, no desarrollas una acción de gobierno fiel a tus propias palabras, a tu propia gente sino que lo haces obscena y desvergonzadamente de un modo favorable a los grupos sociales poseedores, beneficiando a tus rivales, todo esto no es más que una traición.

>>Culpables del crecimiento del fascismo en España<<

Porque el auténtico socialismo, el ser el corazón, la voz y el brazo políticos de las clases asalariadas y, por ello mismo, de las clases sociales más frágiles de nuestro país, se basa única y exclusivamente (y cualquier otra idea, propuesta o discurso es mentira y es un haberse vendido a las clases dominantes o élite propietaria) en el combate por la conquista del poder por parte de los grupos a los que dices representar. Por esta sola razón:

  • Pensar y predicar que, bajo el actual sistema económico (neoliberalismo salvaje y apropiación exclusiva de la riqueza a manos de unos muy pocos) y político (monarquía parlamentaria borbónica en manos de la corte real -es decir, una monarquía y una ilusión parlamentaria vivas para satisfacer a dicha corte o grupos sociales y, obviamente, al jefe del estado-), las clases obreras van a poder conducir hasta el apoyo a sus postulados a la mayoría de la población (a aquellas clases medias y, por tanto, en riesgo de ser proletarizadas) exclusivamente mediante “votaciones” (es decir, renunciando a o sin movilización y sin lucha efectiva, sin batallar de verdad en todas y cada una de las instituciones, de las ocasiones, de los días, de las calles o de los lugares de trabajo de nuestros pueblos y ciudades);
  • Pensar y predicar que sólo mediante la participación en un parlamentarismo impotente por sesgado (la mayor parte de los partidos que concurren a las elecciones son partidos que representan los intereses de las clases propietarias y pequeñoburguesas -los cuales gozan de todo tipo de ventajas y de bonificaciones mediáticas, legales, etcétera-, por no hablar de la naturaleza claramente burguesa del propio régimen de poder vigente); que sólo mediante un totalmente estéril deslomarse en la tribuna parlamentaria y/o recorriendo los laberintos -creados para confundir, hastiar y expulsar a los representantes de la gente humilde de las instituciones- de las innúmeras y absurdas comisiones, propuestas de ley, en definitiva, que sólo entregándose voluntariamente al presidio parlamentario se va a poder conquistar el necesario poder requerido para lograr los objetivos de la mayoría humilde de la población;
  • Pensar y predicar que, una vez agarrado por parte de los “supuestos representantes” de las clases asalariadas la, simplemente, expresión formal del poder (conocida como mayoría parlamentaria) y, una vez levantada y blandida amenazadoramente por encima de las cabezas de las empresas del IBEX 35 y de los grandes bancos o de los grandes fondos de inversión, creer que el poder fáctico va a plegarse a su dictado o a sus “leyes” y “decretos”;
  • En resumen: pensar y predicar que manteniendo en pie, sin apenas retocarlos, unos cimientos sociales que colocó bajo nuestros pies una dictadura fascista (unos cimientos denominados ficción democrática borbónica -recordemos, la nuestra es una democracia de cáscara vacía-); que la sumisión pagada (con cargos en organismos públicos, sindicatos mayoritarios o consejos de administración -unos cargos que han convertido a sus miembros en aristocracia trabajadora o, en otras palabras, en mayordomos o lacayos de los ricos-) y, la guinda en este pastel, que el engaño al que someten los medios afines al poder a la población española, que el vivir de rodillas a las órdenes de la corona y de la reacción, peleándonos entre nosotros por ver quien es capaz de recoger un mayor número de las migas caídas del banquete de los grupos sociales poseedores al que, en calidad de perros, asistimos, es lo mejor a lo que puede aspirar los integrantes de la clase proletaria española,

pensar y predicar todo esto es una inmensa, deleznable y auténtica traición a los grupos sociales trabajadores, asalariados y humildes de nuestro país.

>>La izquierda “mainstream” frente a la movilización de la derecha<<

Visto y analizado todo lo que acabamos de ver y de analizar, en consecuencia con su historia de los últimos cuarenta años y con su vigente naturaleza, carácter, discurso y acción políticos, el PSOE ni es socialista, ni es obrero, ni, por supuesto, es español.

Pues una patria es bastante más que una corona, una constitución, un parlamento, un trapo y unas migajas: una patria es una vida en común digna, justa y sin ningún tipo de sufrimiento para todos y cada uno de los habitantes de un país. Y en palabras del filósofo alemán Ludwig Feuerbach: “quien consuela a los esclavos pero jamás les enseña a rebelarse no es ningún amigo, sino que es su peor enemigo”.

Y hoy, ante la descomposición en directo de la herencia franquista (utilizando un sinónimo, «borbónica») y una vez sabedores del hipócrita rostro de servil vasallo que oculta la socialdemocracia de nuestro país, a las puertas de las elecciones generales del 28 de abril, ha llegado el momento de dejar de ser consolados; ha llegado el momento de la rebelión.

Por el socialismo, por la clase obrera y por España: ¡Unidas, podemos!

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