La politización de las lenguas en España

Unidad de España: concepto que defiende la hegemonía territorial, cultural e idiomática (estas dos últimas casi siempre referidas a las culturas castellana, madrileña, extremeña y andaluza). Hay gente que defiende esta idea como si le fuese la vida en ello, sin tener en cuenta que, realmente, ni siquiera se sabe si ha existido como tal alguna vez. El ejemplo más visible de «Defensa de la Unidad de España» fue Franco, defendiendo el concepto de España como «Una, Grande y Libre».

Actualmente España esta formada por 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas. Si bien es verdad que el gobierno central es el mismo, la cultura cambia radicalmente de una provincia a otra, incluso de un pueblo a otro. No hablemos ya de los idiomas dentro del territorio, tanto cooficiales como no reconocidos.

Estas razones son las que llevan a muchas comunidades, más visiblemente, a Cataluña y Euskadi, a buscar la forma de independizarse totalmente del Estado español (entendiéndolo como el gobierno central). El último intento de independencia fue el de Cataluña en 2017, y que actualmente esta siendo juzgado. Todo ello ha llevado a que se considere a cualquier persona que hable catalán como independentista, igual que anteriormente a cualquiera que hablase euskera se le consideraba un etarra.

Espera ¡¿qué?!

Como he mencionado anteriormente, Franco defendía el concepto de España como «Una, grande y libre». Y es en la parte de «Una» donde encontramos el problema. Durante 39 años, el simple hecho de hablar un idioma regional era un delito, pues iba en contra de la idea de una España hegemónica, cultural y lingüísticamente hablando.

En 1978 se produjo el mayor avance legal en este sentido, al reconocer, al fin y por primera vez, la diversidad linguística en el territorio español, concepto que la derecha en mayor o menor medida no ha respetado. Fue el exministro Wert, por ejemplo, quien dijo que «había que españolizar a los alumnos catalanes«. Todo esto no hace sino avivar el fuego de la independencia.

Otro ejemplo de ello es el hablar catalán o el euskera en la «España profunda«. No habrá persona que no te mire raro o, ditectamente, te increpe por hacerlo. Y siempre la misma pregunta: «¿por qué hablas catalán o euskera si estás en España?«.

Recuerdo más de una vez que, estando en un bar, en la televisión tenían puesto las noticias, en un momento en el que se emitía un discurso del president de turno. No había persona que no saltase con un «¡habla en español, que estás en España!».

Esto lo dice la misma gente que luego sale pulserita en muñeca, y banderita en mano, a «defender la unidad nacional». Esa es una de las grandes incongruencias de España, considerar idiomas y cultura de una parte de España como extranjeras, y sin embargo defender sangre (a veces literalmente) y fuego, que es parte de España. Todo esto es el mayor error que podemos cometer. Querer mantener una población en un país a la fuerza, y ridiculizar su cultura es algo que, lamentablemente, ya hizo alguien con bigote mosca y flequillo repeinado.

Por ello, hago un llamamiento a que todas aquellas culturas históricamente ignoradas de España, para que sus idiomas cooficiales sean enseñados de forma, obligatoria u opcional, en el resto de España, pues solo con la inclusión de sus culturas conseguiremos que se sientan parte de un país del que puedan estar orgullosos de verdad, por como es su gente y su cultura, y no solo por el fútbol, la paella y los toros.

Artículo redactado por:  Jesús Retamal Muñoz y Jairo Vélez Ramos.
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