El machismo en los videojuegos es el Jefe Final de las gamers

«Â¿Y tú eres buena…?»

«Te sacan de support y no haces nada…»

«A ver si tu novio deja de boostarte…»

«Eres un poco zorra, siempre hablando y jugando con todos los tíos…»

«Para ser mujer, no eres mala…»

«Nunca juega sola porque si no, no gana…»

«Â¿Es una chica? ¿Qué te apuestas a que me la hago?»

«Cállate, zorra…»

«Â¿Me la chupas…?»

Insultos, degradaciones y algún que otro machito ibérico que intenta cortejarnos: el día a día de una mujer en los videojuegos. Parece que no podemos escapar ni en nuestras horas de ocio del ojo crítico que nos apunta por el simple hecho de ser mujeres.

Hombres que rechazan la presencia de una mujer en una partida y que, además, se lo hacen saber a través del chat con frases muy poco afortunadas. Y sumado a esto, la terrible normalización de que te insulten por ser mujer.

«A todos nos insultan, mujer, no vayas de víctima…»

«Por internet todos nos insultamos…»

«Tontos hay en todos lados…»

A todos nos insultan por las redes sociales y las actitudes tóxicas son iguales para todos en cada uno de los videojuegos. Pero que te hagan responsable de una derrota por ser mujer, o que simplemente se nieguen a jugar una partida por la mera presencia femenina, no tiene comparación a que te llamen «subnormal» o cualquier otro tipo de insulto.

El problema es que una persona se considere en todo su derecho como para hacer sentir inferior a alguien por su condición sexual. Y si es capaz de pensarlo y decirlo por internet, también es capaz de trasladarlo a su día a día.

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Pero es que ya no son solo pequeños comentarios muy poco cómodos, a eso hay que sumar la presión que ha de vivir una mujer cuando decide participar en el modo competitivo de un videojuego. No la critican por ser mala, no la critican por tener malas mecánicas o por tener mal gamesense. La critican por ser mujer y ponen en el punto de mira cuestiones que en un hombre no se tomaría tan en cuenta. De hecho, parece mucho más relevante el físico de una mujer, que lo buena o mala que pueda llegar a ser jugando.

Entonces, ¿qué hacemos?

Lo primero, no ignorar lo que ocurre. Denunciar todas las actitudes discriminatorias y no permitir que una mujer se sienta incómoda ni en una partida ni en un equipo ni en ningún proyecto que decida emprender.

La confusión de muchos es pensar que las mujeres quieren una superioridad en la que consigan el perdón por todo. Y tampoco es así. Si una mujer es mala, lo es, pero es algo totalmente independiente de su sexo y si es buena, tampoco tiene por qué demostrar a nadie más de lo que tendría que demostrar si fuera hombre.

Y no, no odian a los hombres. Esto no es ningún tipo de competencia entre sexos, pero sí una búsqueda por la igualdad. Está claro que los números hablan por sí solos y la tradición también. En la infancia, sobre todo hace unos cuantos años, a las niñas se les inculcaba una educación totalmente distinta a la de los niños. Y los videojuegos no eran tan típicos en las niñas, como lo eran en los niños. Por ello, las mujeres son en número más minoritarias (aunque cada vez menos) en la escena de los videojuegos. Lo que no quiere decir que sean peores. Tampoco mejores, repito, no es cuestión de géneros.

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Lo complicado, en cierta parte, es aquello de separar por géneros, que parece que nos encanta hacerlo en todo y nos complica un poco la existencia. En este deporte, en los eSports, no hay ninguna fuerza física que nos pueda hacer inferiores. ¿No es extraño tener que andar separando por sexos para ver cuál de los dos es más poderoso?

La pena es que una mujer se tenga que sentir incómoda por dos o tres impresentables, y que en defensa de estos salgan tres o cuatro más diciendo que no todos los hombres son iguales, minimizando así el problema. Y esto complica el argumento del párrafo anterior: si una mujer de manera continuada recibe acoso por parte de la comunidad masculina, no es tan raro entonces mencionar la existencia de comunidades y equipos de tipo femenino.

Digamos que en los últimos años se han ido organizando ligas y equipos femeninos y han generado bastante rechazo. No obstante, aunque el separar por sexos no es una solución que se deba tomar para el fin de nuestros días, debido a la situación en la que nos encontramos, pueden ser un paso hacia la igualdad, siempre y cuando se consideren como eso: un paso y no una solución.

La solución es evitar que una mujer prefiera no compartir espacios con hombres y lo mínimo es no tratar a la mujer de exagerada, que parece ser la tendencia actual en las redes sociales. Cada mujer tiene unas experiencias, en especial en el mundo de los videojuegos, pero ninguna es más creíble que las otras. Parece que incluso las propias mujeres nos pisoteamos. Creemos que por no haber vivido una situación de discriminación, el resto tampoco lo ha hecho.

Todavía queda mucho por avanzar y esperemos no tener que denunciar en unos años la situación de las mujeres, ni en los videojuegos ni en ningún otro ámbito. Significará que habremos alcanzado la igualdad, pero mientras las quejas persistan, la lucha contra la desigualdad de género, también.

Andrea Barceló

Nacida en Valencia y actualmente estudiando Periodismo en la UV.

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