Janis Joplin: la historia de sangre y lágrimas de ‘la perla’

Hace tan solo dos días todos los medios lanzaron su habitual efemérides sobre el misterioso fallecimiento de Janis Joplin. Sin embargo, a 48 años de la muerte de la que sin duda es una de las artistas que más han marcado mi vida, no he podido leer un solo artículo que parezca haber sido escrito por un alma tocada por ese eterno blues de la bruja cósmica. No tengo dudas de que la falta de tiempo en el periodismo actual ha jugado un papel fundamental en la apariencia robótica y cansada -enorme boutade- de cada una de las noticias que trataban sobre la desgraciada vida y honrosa muerte de Janis.

Pero cubrir no es rememorar.

Es por eso por lo que en este artículo, aún a riesgo de faltar a la profesionalidad y rigor que siempre tengo, voy a dar mi punto de vista sentimental sobre la dama blanca del blues. Y aunque detesto profundamente utilizar la primera persona en mis escritos periodísticos y sé que mi alegato puede ser calificado de una cierta prepotencia, hoy he resbalado en uno de los charcos de sangre que dejaba Janis sobre los escenarios.

Dicha esta extraña frase, debo citar al periodista musical Mariano Muniesa, quien sí publicó un gran artículo sobre Janis Joplin con motivo del 50 aniversario de Cheap Thrills y que también escribió un magnífico libro sobre la cantante en el que basaré la poca historia que tenga esta efemérides dedicada principalmente a las emociones. Muniesa, hombre que sí supo tratar a Janis al contrario que el abusador de Jim Morrison, definía la música de la perla de un modo sublime: Janis Joplin no cantaba ni interpretaba… Janis, literalmente, sangraba. Se dejaba trozos de su corazón, de su piel, en cada canción”.

De ahí que hoy deba hablar de charcos, de dedos, de corazones y de gore para moveros por el universo de Janis. Ignorando si tenéis conocimiento alguno sobre su vida, época y obra, hoy os invito a escuchar y a sentir. Es domingo y no has ido a misa, pero hay otras formas de cultivar el alma y hacer de este día algo sagrado.

Bienvenido al mundo de lágrimas y sangre de ‘la perla’.

Quédate conmigo, te lo suplico

Como Janis le canta a su amado en esta canción, yo te imploro que te quedes a mi lado. Anhelo que comprendas qué significa Janis Joplin en estos tiempos de Auto-Tune y alabanza a la psicopatía. Presta atención a cada detalle: al brillo de esta escena borrosa, al viento que huye y acaricia a Janis entre golpes y silencios. Observa cómo la diosa blanca del blues clava su micrófono como si fuese una bandera en la cima de la angustia, cómo se libera de sí misma cuando anima a la orquesta para después volver a su llanto irascible. Janis se lleva la mano a su pecho, pero no se puede tocar. Esa energía que nos penetra sale de su cuerpo, de esa alma abrupta y desaliñada.

Supongo que ya puedes percibir en esta canción que ella es tan imperfecta que solo puede ser natural. Nadie podía refinarla. Era un diamante en bruto que solo podría embrutecerse más. Ella no actúa y hablar de interpretación es negar la evidente realidad de su arte. Para Janis el alma estaba en las venas y se purificaba en su desgarrado corazón para volver a mancharse durante el camino. Janis sangraba porque su alma era su sangre. Janis se desalmaba en cada canción, lo necesitaba, pero era tan infinito su poder que no podía deshacerse de sus propios sentimientos.

Por más que clavaba la bandera en la cima de la angustia parece que la montaña nunca se terminaba. Solo le quedaba bajarse, bailar y sonreír.

Escogí Maybe como bautismo para principiantes. Maybe es una canción que define perfectamente su desengaño amoroso con su antiguo prometido, quien la abandonó poco después de pedirle matrimonio. Ella nunca lo superó y el escenario lo sabía: primero suplica la vuelta de su amante, después se desespera, después exige y la fortaleza de tal rabia e impotencia aumenta hasta descomponerse y calmarse. Más tarde todo termina y se funde en un gracioso movimiento de caderas que indica que es hora de cambiar el rumbo.

Little Girl Blue, cantando a su niña exterior

Una niña que todavía está aprendiendo a contar sus deditos ya sabe lo que es la tristeza. Janis intenta distraer a esa pequeña de sus problemas a través del aprendizaje, tal y como ella vivió su marginada infancia entre obras literarias clásicas y excelentes calificaciones escolares. Una Janis a la que sus padres querían forzar a ser maestra es capaz de honrar a estos en unos pocos minutos. “Sé que eres infeliz, no puedes evitarlo, entonces cuenta tus dedos, tus lágrimas y tus charcos”, parece que dice la señorita Joplin a su pupila.

Janis sabe mejor que nadie lo que es la depresión a temprana edad, el ser marginada sin más motivos que la humanidad y la originalidad. Ha defendido los derechos de los afroamericanos en Texas, se ha vestido con ropa masculina y ha soportado el ser humillada por muchas personas sin valor. Pero desde hace poco tiempo ha pasado de tener motes como ‘pastel de granos’, ‘amiga de los negros’ y ‘hombre más feo del campus’ a ser consagrada con sobrenombres como ‘Pearl’, ‘la dama blanca del blues’ y ‘la bruja cósmica’. Sin embargo, aunque es mundialmente famosa, la maestra tiene la autoestima estancada en los tiempos de acoso escolar. No puede ver que Dick Cavett está fascinado con ella mientras dice en una entrevista que su deseo es ir a la próxima reunión de alumnos para reírse de aquellos que la humillaban.

Durante este directo en This is Tom Jones de 1969, Janis cambia su tono de mujer rogando amor con desesperación y furia a un tono maternal, triste y compresivo sin que esto cambie su esencia. Mientras con una mano ilustra y con la otra agarra el micro, se puede ver cómo una canción que aparentemente parece repetir la misma estrofa cambia de contexto gracias a una gesticulación y una expresión sublimes. Si en un principio parece que la artista realmente habla con una joven muchacha triste- pues su mirada y sus gestos se dirigen hacia abajo-, a medida que la canción se va desenvolviendo se ve cómo exterioriza, se enerva y toma toda la empatía que ha absorbido de la little girl blue para bombardear al público y liberarse a sí misma.

Las marcadas venas de Janis, esos oleoductos contenedores de su líquida alma, a la que desgraciadamente arruinaba a base de intrusas agujas, nos señalan ahora con fuerza: ella es una niña triste y nosotros también. A Pearl no le basta con ser ella misma, sino que también tiene que desnudar las emociones de los demás. Janis era en verdad una perla fabricada con lágrimas.

Kozmic Blues, 25 años en una noche

Escuchar a Janis Joplin es tener el contradictorio privilegio de sentirme débil y plúmbea -en el sentido geológico de la palabra- al mismo tiempo. De quedarme petrificada ante la pantalla, rígida de cuerpo y a la vez verme atacada por un maremágnum de emociones que colapsan entre sí y me resquebrajan en pocos segundos. Por eso puedo entender un artículo sin contexto musical, un artículo sin historia, un artículo con faltas…pero no un artículo sin Janis. No un artículo sin espíritu para honrar a la cantante que en el escenario ‘hacía el amor con miles de personas para después regresar a casa sola’, para aquella joven que lloraba más líquido que el que se inyectaba e ingería, para aquella mujer fiel por vocación y promiscua obligación que amaba incluso más de lo que fornicaba. 

La canción con la que concluyo este alegato es Kozmic Blues, canción coescrita por la propia Joplin que trata sobre un lugar común muy propio de la generación beat y hippie: la continuidad y el paso del tiempo. Pero Janis fue capaz de llevar este concepto más allá, de pisar un realismo y una practicidad no comunes en aquellos tiempos.

“25 años en solo una noche”, canta poéticamente Janis en una estrofa para después volver a aterrizar sobre una realidad: “Tengo 25 años ahora y sé que no estamos bien. No puedo ayudarte más de lo que lo hice cuando era solo una niña”. Frase tan cargada de significado que explicarla sería arruinar tu exploración, pero que no puede superar por nada a mi favorita: “Es todo el mismo puto día, hombre”, se exasperaba Janis en un discurso donde animaba al público a vivir solo el aquí y el ahora.

Sí, Janis Joplin murió con 27 años, pero fue allí y en aquel momento. Un mito artístico ahogó su sangre en narcóticos tal y como un mito de la religión ahogó la Tierra en diluvios. Aquel mito llamado Dios al que en Work me Lord implora que la saque del infierno de las drogas y la depresión.

Nunca la escuchó. Era lógico. Janis nunca se escuchaba.

Aunque yo no estoy diciendo que Janis Joplin sea Dios…solo que es la respuesta a la eterna pregunta sobre quién creó a Dios.

Amén.

Responsable cultural en ElEstado.net.

Sígueme en Twitter: @MartaCorbal

Marta Corbal

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