¿Está Ciudadanos en un ascenso meteórico?

Efectivamente, si alguien ha salido beneficiado del procés ha sido la derecha, tanto catalana como española. Eso es innegable. Sin embargo, es igual de innegable el hecho de que Ciudadanos es el partido que más encuestas ha ganado desde su corta existencia en el panorama político español.

Ciudadanos nació como ese Podemos de derechas” demandado por la oligarquía financiera, energética, mediática y de telecomunicaciones española. A partir de ahí, los medios de comunicación masivos –mass media cuyo ariete es el Grupo Prisa— le mostraron a Albert Rivera la grieta a través de la cual posicionarse y formar un relato consistente. Este posicionamiento se basaba fundamentalmente en dos símbolos. Por un lado, Ciudadanos se construye con la referencia ética y estética de Adolfo Suárez y del supuestamente vituperado en España “centro político” creador de consensos en oposición al también supuesto gen cainita que la sociedad española lleva en lo más profundo de su ser. En definitiva, el discurso de la Transición. Sin embargo, por otro lado, Ciudadanos también construyó otra referencia simbólica que le otorgó una mayor legitimidad: un discurso de corte tecnocrático. Contra las expresiones voluntaristas y de deseo de Podemos, Ciudadanos proponía un “cambio sensato” basado en medidas eficientes. Todos recordamos aquel debate en Salvados que Albert Rivera ganó a Pablo Iglesias con prácticamente un único argumento: “vuestras medidas probadamente ineficaces e irrealistas, las nuestras son como las de Dinamarca”. Con estos dos símbolos, Transición y eficiencia, el partido naranja se hizo hueco en la política española criticando la excesiva ideologización de las cosas.

Poco después, Ciudadanos apoyó a Susana Díaz en Andalucía, lo que le permitió desvincularse de la imagen de “partido de derechas” y en septiembre de 2015 se colocó como primer partido de la oposición al independentismo de JuntsxSí, lo que reforzó su posición de paladín de la hispanidad. Posición que se vio favorecida por su intachable currículum de catalanes españoles nacidos en Barcelona. Recordemos que, salvo Francisco Pi i Margall, no ha habido presidentes del gobierno catalanes. Comparativamente, es como si nunca hubiese habido un presidente italiano milanés desde el s. XIX.

A partir de esas elecciones catalanes de 2015 la maquinaria Prisa se puso manos a la obra y comenzó a darle a Ciudadanos resultados apabullantes. Escalaba semana a semana posiciones llegando a situarse como primera fuerza política. Rivera ciertamente soñó ser presidente y le gustó la idea porque Albert es un triunfador. El plan maestro era que Pedro Sánchez pudiese formar un gobierno con Ciudadanos con una agenda bastante tradicional y desbancar a los históricos enemigos de Juan Luis Cebrián: el comunismo de Julio Anguita –con cara de Pablo Iglesias—y el conservadurismo del Partido Popular. Borrando los restos de franquismo y de comunismo, España, por fin, terminaría siendo un país plenamente europeo, liberal y moderno. Cosa de la que se quedó fuera precisamente por ese enfrentamiento que fue la Guerra Civil. Este no dejaba el sueño erótico de la izquierda española tradicional nucleada alrededor de Felipe González y que, al menos, tenía un proyecto.

A pesar de todo este apoyo mediático, los mass media más conservadores estaban todavía divididos en el apoyo a Ciudadanos más allá de que sirviese como la muleta de Gran Coalición entre el Partido Socialista y el Partido Popular con este último a la cabeza del gobierno. Podemos en aquellas elecciones del 20 de diciembre superó a todas las encuestas y Ciudadanos tuvo un resultado más bien escaso a lo que presagiaban. A partir de ese momento la política española se convirtió en una valoración sobre el comportamiento moral de los partidos: si negociaban, si no lo hacían, si tenían bonitas palabras los unos con otros… pero nadie daba un paso al frente. Incluso Mariano Rajoy se puso de perfil y le dijo al rey que no se presentaría al debate de investidura. El único que dio un paso al frente firme fue Pedro Sánchez con Albert Rivera de aliado intentando aislar a Podemos y escenificando la reedición de la famosa “pinza” que Anguita había hecho al PSOE tras las elecciones de 1996. De hecho, se puso de moda una cuenta aritmética falsa, la cual decía con total impunidad que si los de Iglesias se hubiesen abstenido, Sánchez hubiese sido presidente. Esto es sencillamente mentira. Hagan las cuentas y verán cómo aquellos números no daban para investir al candidato socialista. Aquel pacto Ciudadanos-PSOE fue, sencillamente, el primer acto de campaña electoral de cara al 26 de junio para que el PP, como era esperado, subiese en votos y así estancar a un torpe Podemos culpable de todo. Los morados, a su vez, tampoco podían apoyar el programa que habían presentado ambos partidos. Dicho se de paso que Podemos no expresó una voluntad real de sentarse con los socialistas. Y eso, al PSOE, le interesaba sobremanera.

Pasado todo aquello, golpe de partido mediante en octubre en el PSOE para derrocar a la dirección socialista, Mariano, que vio peligrar su cabeza política en agosto y septiembre de 2016, finalmente fue presidente contra todo pronóstico. La cuestión es que después de la notable mejora de los resultados del PP en las elecciones del 26 de junio con respecto a las del 20 de diciembre, ningún medio se atrevió a pedir la cabeza de Rajoy.

Hoy, todo ha cambiado. La victoria en las primarias de Sánchez y la mal calculada moción de censura formulada por Unidos Podemos solo fueron los prolegómenos de la anormalidad política en la que está sumida España. Eso sí, la ‘normalidad’ tampoco va a volver y eso es de lo que parecen no enterarse los partidos tradicionales. La crisis de estado que arrancó después del primero de octubre de 2017 tras el referéndum de independencia catalán volvió a poner patas arriba la división de un tablero político aparentemente estabilizado pero que, realmente, no lo estuvo nunca desde el 15M.

La declaración unilateral de independencia catalana puso en el mismo bando a todo el establishment español, quien hizo gala de una agresividad desconocida hasta ahora –salvo cuando el tema del que se hablaba era ETA—. El PP actuó de manera bastante tibia en su aplicación del 155 dado que, luego del 1 de octubre, la Unión Europea efectivamente llamó a Rajoy y le dijo que no se podía repetir otra imagen como la que habíamos visto aquel día. Personalmente, en aquel momento yo me encontraba viviendo en Montevideo y el tema catalán fue el tema de debate nacional uruguayo el día 2 de octubre, por lo que el bochorno internacional fue mayúsculo. Así, Mariano decidió convocar las elecciones cuanto antes confiando en que el bloque anti-independentista ganaría las elecciones. Aquello no ocurrió y en este impasse de falta de ideas nos encontramos. En otra época los militares ya hubiesen hecho uno de aquellos “pronunciamientos”, pero estamos dentro de la UE y no está permitida tal cosa. Con todo, el camino hacia el autoritarismo legalista está claro que ha comenzado.

Ciudadanos, en este pequeño momento en el que se concentró el gran drama nacional de España nacido en 1898, se ha caracterizado por bramar a favor de la intervención de la Generalitat mediante el artículo 155 desde el principio e incluso habló de adoctrinamiento con fotos de libros de texto de escuelas públicas que resultaron no ser fotos de libros escolares. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, desde la aplicación del 155 de Rajoy en Cataluña, el silencio y la caída en lugares comunes de la agrupación naranja llama la atención. No da la impresión de que exista un desacuerdo irreconciliable entre PP y Ciudadanos. Este último parece estar de acuerdo con el tipo de actuación llevada a cabo por el gobierno y no da la impresión tampoco de que exija cerrar TV3, por poner un ejemplo. Del mismo modo, tampoco sus resultados electorales le hacen tener ningún protagonismo por sí mismos. De esta manera, Ciudadanos se lleva el voto protesta de derechas contra el PP por la indefinición del resto de formaciones. Su mayor ofensiva contra el gobierno es negociar con Unidos Podemos para cambiar a ley electoral pero, ¿qué hubiese hecho Ciudadanos con Cataluña aparte de repetir muchas veces ‘España’? ¿Hubiese mandado al ejército? ¿Cuánto tiempo y qué hubiese intervenido en Cataluña? ¿Hubiera convocado las elecciones para cuándo? Con todas estas debilidades, es el único partido que tiene, más mal que bien, un relato y un discurso nacional español. Ciudadanos se ha quedado sin recorrido, ¿qué diestra maniobra de solución del conflicto catalán puede aportar? Sin embargo, al contrario que en aquel momento en el que solo Prisa apostaba firmemente por Rivera, ahora la mayoría de medios –salvo La Razón— se han volcado con el líder naranja y han criticado la manifiesta inacción del gobierno. De esta manera, ante la futurible coalición PSOE-Unidos Podemos, la derecha busca una salida a su palmaria crisis de identidad con una cara nueva que promete mayor dureza pero a la vez promete ser más moderna, de centro, liberal y flexible. Del mismo modo, ¿resiste el programa de Ciudadanos una campaña electoral que va a estar trufada de interrogantes cruciales? Materialmente la pretendida reforma de la ley electoral le puede servir para aumentar su número de escaños, sin embargo a quien más puede beneficiar esto es a Unidos Podemos en su lucha contra el PSOE por ganar el espacio de izquierdas. Y el PSOE tampoco se puede permitir otro apoyo al PP.

Todo está por ver y es cierto que Ciudadanos está bien posicionado, posiblemente mejor que cualquiera de sus adversarios, pero permítanme dudar de que esta esta coyuntura se transforme en estructura.

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