¿Qué está haciendo Jair Bolsonaro en Brasil?

Jair Bolsonaro, ¿quién es y qué esta haciendo por la reivindicación de los derechos del pueblo brasileño? Interrogantes que poco a poco están siendo respondidos por el mismo presidente. ¿Cómo? Con su actuación desde la toma de posesión en enero del 2019. Así que es prudente preguntarnos ¿en manos de quien esta el pueblo brasileño? A continuación nos adentramos a algunas de sus erradas decisiones que evidentemente están siendo motivo de preocupación a nivel mundial.

Después de un sinnúmero de escándalos y criticas, el gobierno de Jair Bolsonaro inicia este 2019 con la reforma del sistema de pensiones, que pretende enviar al Congreso esta semana, y con un presunto caso de evasión fiscal que involucra a su hijo mayor.

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Sin embargo el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, estrenó su gobierno con un fuerte golpe a los pueblos indígenas y a las ONG a través de la firma de dos decretos. Uno, en el que transfiere los poderes de la Fundación Nacional del Indio (Funai) al Ministerio de Agricultura, y otro que concede al ministro de la Secretaria de Gobierno, Carlos Alberto Dos Santos Cruz, la misión de «supervisar, coordinar, monitorear y acompañar las actividades y las acciones» de las ONG.

Además el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles en declaraciones a medios nacionales e internacionales, aseguró que Brasil no se comprometerá con «nuevas metas» de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero junto a la ONU, y defendió el desarrollo de «ciertas actividades económicas» en zonas de conservación. Esto último era un secreto ya que Jair Bolsonaro en campaña mencionó que su compromiso no es con el medio ambiente.

En su momento cuando explotó el escándalo de las tierras indígenas que pretenden ser explotadas, Jair Bolsonaro afirmó que los indígenas son «explotados» y «manipulados» por las ONG, pero en sus acciones se contradice. Por ejemplo, el gobierno anunció que explotará áreas hasta ahora preservadas, como la gigantesca reserva indígena Raposa Serra do Sol, en el estado norteño de Roraima.

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Los pueblos indígenas en Brasil son autónomos e independientes desde la Constitución de 1988, no necesitan de nadie para decidir qué quieren. Si el gobierno de Jair Bolsonaro pretende adoptar alguna medida en relación a los derechos de los pueblos indígenas, en primer lugar debe consultarles.

En Brasil, el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece que cualquier medida legislativa o administrativa que pueda impactar a los pueblos indígenas, tiene que ser consultada a sus líderes. En síntesis una organización o el mismo gobierno no pueden hablar en nombre de los pueblos indígenas, ellos tienen su propia representación nacional.

Las tierras indígenas son, según la Constitución brasileña, de posesión permanente y de usufructo exclusivo de los pueblos indígenas, lo que significa que solo ellos pueden usufructuar su territorio. En la Constitución hay solo una excepción que habla de actividades mineras y emprendimientos de potencial hidroeléctrico. Para que haya esas dos actividades dentro del territorio indígena, es necesaria una ley ordinaria que no existe todavía en Brasil.

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Teniendo en cuenta lo anterior pasamos a otro punto delicado, como lo es el ataque directo a uno de los programas de salud impulsados por Dilma Rousseff, que se encargaba de dar asistencia a las regiones más pobres del país sudamericano, y que dicho sea de paso era apoyado directamente por Cuba. Un contingente de más de 8.000 médicos cubanos trabajó en Brasil por más de cinco años en el marco del programa Más Médicos.

Pero debido a condiciones exageradas exigidas por Jair Bolsonaro y no aceptadas por la isla, el gobierno cubano decidió en noviembre concluir el acuerdo, bajo el amparo de la Organización Panamericana de la Salud.

No olvidemos tomar en cuenta que el número de personas en pobreza extrema subió de 52,8 millones en 2016 a 54,8 millones en 2017 según datos revelados por el Instituto Brasileño de Geografía y estadísticas (IBGE), basados en parámetros del Banco Mundial.

Ahora el mundo debe preguntarse, ¿a quién le está haciendo daño Jair Bolsonaro con estas reformas y decisiones claramente viciadas por intereses económicos?

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