Jaume Plensa y Dierk Schmidt en la Ciudad de Madrid

Fantástica la idea del Ayuntamiento de Madrid: ¡Tener esta hermosa cabeza durante un año!

Y más fantástica sería todavía si se consiguiese que se quedase para siempre, en su acertada ubicación actual, en la Plaza de Colón de Madrid. Seguro que no es tan difícil, y que el encomiable empeño de Manuela Carmena por disminuir la deuda gallardoniana (mi felicitación por ello, y por otras muchas cosas) no se verá especialmente afectado.

No me negarán ustedes que la gigantesca escultura del genial Plensa es preciosa (creo que es la misma obra que con el titulo «Mirar en mis sueños» estuvo hace años en Botafogo, pero no estoy seguro). Maravilloso el efecto de luz, justo al mediodía, con el suave perfil destacado al tener la efigie media cabeza iluminada por el astro rey y la otra mitad casi en penumbra.

 

Y viene esto también a cuento porque en el Parque del Retiro, también en Madrid, se nos es dado contemplar en el Palacio de Cristal una nueva instalación de Jaume Plensa, este artista /genial que desgraciadamente es más conocido en Chicago (esperemos que hasta ahora) que en Madrid.

Invisibles

Este es el título de su instalación. Ustedes me perdonarán, pero prefiero utilizar esta palabra de nuestro riquísimo léxico que performance que la verdad, me resulta algo pretenciosa. Demasiado pedantes nos ponemos ya sin querer en muchas ocasiones en nuestros artículos como para encima abusar de palabrejas.

Bueno, pues Invisibles.

Y la verdad es que a veces, a tenor de lo fotografiado, como ven resultan casi invisibles, a pesar de su gigantesco tamaño. Según la luz del sol incide en los cables de acero que las conforman, estas tres cabezas colgadas, suspendidas en el aire y en el tiempo, perfectamente integradas y acordes con los tres lóbulos del palacio se revelan con mayor o menor rotundidad, haciéndonos compartir si te sitúas en el centro el mismo vacío que las conforma, superior a su materia y haciéndote llegar también su mensaje, idéntico, solicitando silencio.

Silencio que por otra parte se agradece, ya que no sé si estarán de acuerdo conmigo, pero, aunque nos sintamos felices y afortunados con la progresiva desacralización del arte en general, hay que reconocer que mucha gente, sobre todo cuando va en grupos, parece que va a un museo o a una exposición como el que va a una cafetería o a unos grandes almacenes. Especialmente, y siento decirlo, este comportamiento es apreciable en muchos grupos de jubilados, tan proclives ellos por lógicas razones de edad a refunfuñar cuando alguien más joven se salta alguna norma. Pues eso.

Dierk Schmidt

Y ahora, sin salir del Retiro, casi enfrente, en el Palacio de Velázquez (nada que ver con el pintor, es el nombre del arquitecto), Dierk Schmidt.

Dierk Schmidt, artista alemán, que en «Culpa y Expiación» (referencia a Dostoievski, aunque su libro fue traducido en Occidente como «Crimen y castigo»), nos plantea una interesantísima crítica sobre la utilización del arte por el poder, y la necesidad de cuestionar, de dudar. Algo, que pienso yo, obviamos con demasiada facilidad en estos tiempos en que tan corriente es la manipulación, en muchos casos cada vez más grosera, de la información. Manipulación que por otra parte, queda siempre impune, y a nadie parece importarle demasiado. Salvo a este medio al que me honro pertenecer.

Y también plantea la necesidad de denunciar precisamente este tipo de comportamientos: como en la serie dedicada al exterminio en la actual Namibia por parte de su propio país de 75.000 miembros de las tribus Nama y Herero entre 1904 y 1908. Aunque el gobierno alemán reconoció (en 2004) su responsabilidad, rechazó pagar los 4.000 millones de dólares que se solicitaban como indemnización.

El artista contra el capitalismo feroz

Y esta sala hace referencia al vertido durante tres meses de 130 millones de galones de petróleo en el golfo de Méjico en 2010, denunciando que si bien no pudo BP controlar el flujo de petróleo, si controló desde el principio el flujo de palabras clave como vertido de petróleo, para que los motores de búsqueda guiasen a los internautas a la versión de los hechos de la compañía, según nos explican perfectamente en el panel explicativo a la entrada de la sala, donde se cita por parte de Schmidt también la campaña online de Greenpeace creando antilogotipos de la marca que el artista embadurnó con betún y alquitrán como pueden ver, para darnos la idea de que estamos bajo “el cielo oscuro de la avaricia capitalista”.

Y luego pasamos a la serie McJob (para él, trabajo basura), vemos a un pintor (como él), pintando, para poder subsistir, un vagón con pintura tóxica. Nos dice sentir la sensación de estar sin dinero y a la vez viviendo en una sociedad en la que estamos rodeados de riqueza, y de repente, de manera irónicamente genial, los colores de los antiguos billetes de banco holandeses, el contorno de unas fotocopiadoras, y la leyenda “kan ich kopieren?” (¿puedo hacer una copia?).

Las dos las quitan en marzo.

A darse prisa.

Delenda est Moscardó.

Pablo Álvarez

"Republicano confeso con el alma blanca y la sangre roja. Escribo en ElEstado.net porque nuestro querido director así me lo propuso en un momento de debilidad, en un gimnasio y ligeros de ropa, apelando a mi buena pluma. Admirador de Rubens, Picasso y David Hockney ¡Hala Madrid!"

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