Avicii: la fama y su crudeza

Esta semana ha sido lanzado el disco póstumo, «Tim», del artista Tim Bergling, más conocido como Avicii. El compositor y DJ sueco murió el 20 de abril de 2018 a causa de un suicidio que conmocionó a millones de sus seguidores. No únicamente por el fallecimiento, sino por su temprana edad y su terrible (no es un uso aleatorio del adjetivo) éxito cosechado. De hecho, a raíz de este triste acto, salieron a la luz documentales, libros y testimonios de sus más allegados, arrojando un poco de luz sobre los motivos de la elección de Avicii.

Este último disco lleva, sin ninguna duda, el sello robusto e inconfundible de Tim Bergling. Colaboraciones con distintos artistas de talento reputado, con los que se mezcla de una manera químicamente pura, agregando sonidos alegres y a la vez reflexivos (imbuidos de su propia personalidad), con una capacidad de análisis de los tiempos y la creación sobresalientes. Absolutamente todos los artistas que han aunado fuerzas con el sueco afirman que Avicii poseía una habilidad única y especial para producir y componer, no solo su música, sino la de otros (como la de Coldplay en el álbum “Ghost Stories”).

Avicii era un genio reflexivo y alegre
Avicii era un genio reflexivo y alegre.

Sin embargo, este artículo no trata de su disco póstumo. Ni siquiera de aquellos que trabajaron con él. Va sobre un artista complejo, taciturno y reflexivo. Alguien que amaba la música en todas sus vertientes, una persona que sufrió los efectos más nocivos de la fama. El reconocimiento masivo, por irónico que suene, derribó la carrera de un Tim tímido que únicamente ansiaba dedicarse a su pasión. Es un hecho que además sufrió severos problemas de salud a lo largo de su carrera musical, pero es la parte del alma platoniana a la que nos queremos ceñir. Hay una cita de Schopenhauer que puede aclarar esta idea:

La verdadera gloria de un artista no son los aplausos de la gente, sino las obras mismas. La fama es como la luz de las estrellas, tardan en llegar a la tierra, pero llegan, aunque estas hayan desaparecido.

En este mundo de redes sociales, la apología del hedonismo y la apariencia fuerte se han hecho con una gran parte del pastel. Todo aquel que nos rodea espera el máximo éxito y popularidad de nosotros. Incluso cuando ese reconocimiento llega, debemos mantener la compostura y mantenernos erguidos aunque nuestro interior se encuentre quebrado. La problemática es evidente, y se hace aún más notoria cuando trasladamos esos complejos externos y los fagocitamos, transformando la percepción en verdad. El dinero, la popularidad, el estilismo y el coche más bonito y veloz. Ese es el éxito que todos ansían y, que cuando unos pocos lo encuentran, se desmitifica.

Probablemente, a ti, a Tim Bergling y a mí, alguna vez nos enseñaron lo mismo: tienes que sacar buenas notas y debes encontrar un trabajo bien remunerado. Pocos son los educados en la verdadera autorrealización, en encontrar tu vocación y refugiarte en ella. Pocos son los profesores de vida que te instan a valorar la satisfacción por encima del resto. Por eso, cuando la fama de Avicii comenzó a despuntar, ni una sola persona le aconsejó un descanso por una temporada.

Por eso, cientos de sabandijas cegadas por el poderoso caballero don dinero, pusieron en Tim una presión tan gigante que, tras mucho tiempo cargándola en la espalda, acabó por desmoronarlo. Él era feliz haciendo música en su estudio, con sus amigos y familiares. Pero la mayoría acabó por arrastrarlo. Y no todo el mundo está hecho de acero para soportar semejante cantidad de expectativas. Lo tenía todo, al menos todo lo que se supone que es necesario conseguir, y, de manera trágica, decidió acabar con todo aquello.

Avicii disfrutaba plenamente componiendo su música.
Avicii disfrutaba plenamente componiendo su música.

El sueco plasmó en cada canción, en cada acorde, el enorme mundo interior que poseía. Un universo lleno de preguntas, pocas certezas y amor por sus melodías. Algunas de ellas, decididamente positivas. Otras, con tintes más tristes y nostálgicos. Quizás, sabiendo el transcurso de su vida, podemos entender mejor muchas de sus creaciones. Canciones como “Fade into Darkness”, “Wake Me Up” o “Broken Arrows” destilan tonos y letras a caballo entre lo valiente y lo frágil. Sin embargo, tiene temas más positivos y alegres como “The Days”, “You Make Me” o su primer gran hit, “Levels”.

You come to raise me up,

When I´m beaten and broken up,

And when I´m back in the arms I love,

And I think I just died,

And went to heaven.

Esto canta Chris Martin en “Heaven”, una de las obras de este nuevo disco. Refleja perfectamente cómo afrontaba Avicii su vida, con alegría y valentía ante las dificultades. Un mensaje que, a pesar de su muerte, consiguió implantar en todos sus seguidores. Y, aunque la fama tenga arañadas la mayoría de sus aristas, tiene ese aspecto positivo: generar felicidad en aquellos que de verdad te adoran y admiran.

Tim, trascendiste. Que la tierra te sea leve.

Álvaro García Dotor

Estudiante de Periodismo. Escribo sobre cultura cinematográfica y literaria. Acólito de Scorsese, Orson Welles y David Fincher. 

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